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A vosotras, matronas:

A vosotras matronas

A ti, matrona desconocida. Que entras, miras tubos y vuelves a salir, y no pronuncias palabra. Que no sabes cómo se llama. Que no preguntas cómo está. O peor: que lo preguntas, pero no te paras a escuchar la respuesta.

A ti, matrona que ignoras. Que te piden y pasas de largo. Que te excusas. Que quieres cumplir los tiempos.

A ti, matrona que sólo miras los números y refunfuñas entre dientes. Que te vas y no dices qué pasa. Que dejas un halo de preocupación y miedo en la habitación cuando te vas.

A ti, matrona que culpas a la madre. Que gritas que lo está haciendo mal, que le dices que no sabe empujar. Que dices que “esto no es así”, que “esto así no sale bien”.

A ti, matrona que tienes prisa. Que quieres acabar ya.

A ti, matrona que sientes que sólo es un parto más.

A ti, matrona que, en algún lugar, fuera de ese hospital, dejaste olvidada la ilusión. Que has convertido el momento más feliz de cada una de esas familias en tu aburrida rutina de cada día.

A ti, matrona que has dejado de sentir, quizá por no padecer.

A ti, matrona que has olvidado la vocación en pos de la profesión. Que has gastado la pasión.

A ti, matrona… Que no te sorprenda que esta carta no sea para ti:

 

A ti, matrona que dices tu nombre al entrar. Que preguntas el suyo a la madre. Que preguntas el nombre del bebé. Que los recuerdas, para no tener que volver a preguntar.

A ti, matrona que sabes cuándo estar y cuándo no. Que ves el sudor y buscas el abanico. Que bajas la luz. Que guardas silencio. Que esperas.

A ti, matrona que miras a los ojos. Que sonríes y al sonreír das luz y fuerza. Que mantienes la calma, para mantener la calma. Para que todo siga bien.

A ti, matrona que das la mano, que alientas, que acompañas, que sostienes. Que susurras un “tú puedes”, un “vosotros podéis”.

A ti, matrona que esperas, que confías.

A ti, matrona que sientes que cada parto es único.

A ti, matrona que después de tanto tiempo aún te sorprendes y te conmueves con cada nuevo llanto, con cada nuevo milagro. Porque ves en cada parto el milagro del que estamos hechos.

A ti, matrona que das las gracias por poder vivirlo cada día.

A ti, matrona que mantienes tu vocación y la pasión.

A ti, matrona, gracias por ser la matrona que necesitan las madres. La que merecen los bebés.

A ti, matrona, gracias.

Gracias, gracias, gracias por ser matrona.

 

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En la foto destacada: mi hija. Fotografía de Tatiana Castañón.

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