Autor Jessica
Eventos

#megustaeducar ¡Nos vemos en Gestionando Hijos!

MELISA TUYA JESSICA GOMEZ

Yo no sé qué pasa, que todos los años, cerca de mi cumple, pasa algo interesante.

Hace cuatro años me propusieron mi primer cuento, hace tres la FECYT valoró un proyecto educativo en el que yo participaba como uno de los tres mejores de aquel año, hace dos años me fui a los premios Bitácoras como finalista y a participar en una mesa redonda en ManchaArte, el año pasado me propusieron la campaña publicitaria para Natura y este año… ¡Este año me voy a Gestionando Hijos, Mari!

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Mi amiga Melisa (Madre Reciente) y la menda lerenda vamos a hacer una breve ponencia juntas, titulada La educación no es un cuento, en la que, a través de dos cuentos y algunas interesantes reflexiones, reivindicaremos nuestro derecho a no peinarnos. El evento será el próximo sábado 24 de noviembre, de 9 a 14 horas. Nosotras salimos a las 12:15 y se podrá seguir en directo a través de facebook live.

Hay un cartel que se me saltan los ojos. Bueno, las lágrimas, ya me entendéis.

Está, por ejemplo, Marina Marroquí, que me dejó fascinada desde el minuto cero en su aparición en Salvados. Estará Boticaria García y también Pedro García Aguado, a quien seguro que recordáis de Hermano Mayor. Aunque confieso que, yo, mi momento grupi lo he tenido al ver que también estará Javi Nieves, que me hace mucha ilusión porque lo escucho todas las mañanas y voy a ver si consigo hacerme con él un selfie sin parecer una fan histérica.

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¡Javiii! ¡Javiii! ¡Tengo vacaaaaas!

La verdad es que todos los ponentes son unas joyas en lo suyo, y yo no tengo claro qué pinto ahí, pero como voy con Melisa pues silbaré disimuladamente y así se me nota menos que seré como una castaña en un yogur.

En la página de Gestionando Hijos tenéis el listado de ponentes y el programa (click aquí), y podéis comprar las entradas en este enlace.

Le he dicho a mi madre que no puedo ir toda arreglada porque pierdo credibilidad, y me ha sacado la carta de que la mato a disgustos. Al final le he dicho que voy a ir un poco mona, así que ya sabéis: si alguien va, nada de fotos, que luego to se sabe.

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Eventos

El día que presenté mi librín

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De verdad que no puedo ser más desastre, qué horror.

Hace más de TRES MESAZOS que presenté mi libro de relatos, La mujer de al lado, en la Librería La Buena Letra de Gijón, y ni dos míseras líneas le he dedicado al evento. Pero, como reza el famoso reloj británico: Es más tarde de lo que piensas, pero nunca es demasiado tarde. Además, si hago las cosas bien pierdo credibilidad.

El ratito fue maravilloso. Fui preguntándome si iría alguien y me encontré la librería llena. Qué estupenda sensación. Además, entre la gente estaba Javier, mi antiguo profesor de literatura. Elegí dos de mis relatos favoritos para leerlos en voz alta, Libre para ser princesa Querida señora de la hamaca de rayas, que quise dedicar a mi madre, aunque invité a todos los presentes a pensar en una mujer importante en sus vidas.

Justo cuando leía este último relato, mi bebé, que acababa de nacer, pidió teta y me cortó justo cuando iba a arrancarme yo a llorar, así que me dio tiempo a coger aire y al final no lloré como una magdalena puérpera. Todo estupendamente planeado y sincronizado.

También advertí: los relatos están escritos a razón de uno por semana. Recomiendo fervientemente leerlos al mismo ritmo, porque si los lees del tirón te comes el libro en dos horas y luego vas a pensar que son los quince euros peor gastados de tu vida. Yo lo digo.

Estas son algunas de las cosas que los presentes dijeron aquel día:

“Escucharte es un regalo.” – Una señora.

“Tienes un talentazo.” – La misma señora.

“No quedan sillas.” – El librero.

“Veo que vienes peinada y maquillada. ¿No tenías otros zapatos?” – Mi madre.

“Yo he venido porque creí que habría croquetas.” – Yo.

Vamos, yo no sé a qué esperáis para haceros con un ejemplar 

En papel ➡️ http://jessicagomezautora.com/producto/la-mujer-de-al-lado/
En Kindle ➡️ https://www.amazon.es/mujer-lado-Jessica-Gómez-Álvarez-ebook/dp/B07FYVXM1X/

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Artículos

¡¡Me ha tocado la cesta de GATAWEB!!

me ha tocado la cesta

¡¡ME HA TOCADO LA CESTA DE GATAWEB!!

Mi hermano recogió la cesta en Madrid y tuvo la amabilidad de traérmela hasta Gijón. En cuanto cargué las tres cajas en el maletero del coche, pletórica de entusiasmo porque nunca me toca ná, me hice un par de fotos para el grupo del whatsapp de Familia, por aquello de dar envidia. Envidia sana, eso sí, que la cesta es eco.

Así que, como digo, me tiré un par de fotos, les hice chincha rabiña a todos y me fui corriendo en coche a buscar a los niños al colegio, con toda la intención de hacerme una foto en condiciones con las cosas de la cesta al llegar a casa para mandársela a la asociación, quizá sobre la cama en plan Tío Gilito con sus billetazos. Pero recogí a los niños en el cole y les enseñé entusiasmada la cesta: las tres cajas con su contenido. Y ESE FUE MI ERROR. Leer artículo completo

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Relatos

Querida yo de hace cinco años (cinco exactamente)

querida yo de hace cinco años

¡Hola, maja! ¿Cómo te encuentras? Llevas ya día y medio de explosión oxitocínica, ¿verdad? ¿A que huele bien? Aún recuerdo su olor y su cremosidad. Mmm…

Ahora que lo pienso, te cojo en plena sesión de fotos, ¿no? Ya verás qué bonitas quedan. Aunque eso ya lo sabes. ¡Ah! Y tranquila por tener el tendal atravesado en la cocina, o lo alto del sofá convertido en un armario: va a quedar precioso en las fotos. Tan auténtico…

Ya ves que este año llego un poco tarde con la carta. Es que… ¿Sabes qué pasa? Que tienes a uno de tus hijos malito. Y, mira, sabes que no me gusta estropearte las sorpresas, pero tampoco puedo estar eternamente callándomelo todo, así que te voy a dar una pista: no están malitos ni Hugo ni Aine. ¡Sorpresa!

Dentro de unos meses, un día, Hugo y Aine estarán jugando en el salón, y César y tú los estaréis mirando desde el sofá, y de pronto dirás, en voz alta y sin pensar: “¿No tienes la sensación de que es como si estuviéramos incompletos, de que aquí falta alguien? Nos falta Leo…”. Pues chica, bingo. Te contaré una cosa graciosa: te vas a quedar embarazada tres días después de escribirte la carta número cuatro. Y cuando te enteres no te lo vas a creer, porque por primera vez no vas a tener ni un solo síntoma de embarazo. Pero será normal, porque en esos momentos tendrás la cabeza y el alma puestas en otro sitio. Aunque eso… Creo que eso no te lo voy a contar. No ahora. Ahora disfruta de esa niña que tienes en los brazos, y que aún huele tanto a ti. Leer artículo completo

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Artículos

La -dichosa- baja por paternidad intransferible

cesar pelando patatas parto

Creo -estoy bastante convencida de hecho- que me voy a meter en un jardín.

El Gobierno acaba de presentar sus presupuestos, en los que incluye -entre otras muchas cosas interesantes- la equiparación del permiso por paternidad al de maternidad, pasando a ser de dieciséis semanas (bueno, de ocho ahora, de dieciséis para 2021), con carácter obligatorio e intransferible.

Llevo ya semanas leyendo innumerables artículos y viendo algunas acciones, especialmente de personas/grupos feministas, oponiéndose a esto, aludiendo a que es más necesario ampliar la baja maternal, esgrimiendo argumentos como que el cuerpo que está biológicamente preparado para atender al bebé es el de la madre y que el bebé tiene derecho a ese cuidado. Estoy total y absolutamente de acuerdo con todo. PERO…

Lo reconozco: a mí también me escamó que sacaran este permiso. Fue como “¡Joder, tío! ¡Que llevamos mil años pidiendo que se amplíe el permiso de maternidad y vais vosotros y ampliáis el de paternidad, me cago en todo!”. Entiendo la visceralidad, pero es que no tengo nada claro que la NO mejora del permiso de paternidad fuera a significar la mejora de la situación de la maternidad.

Es cierto: el permiso de maternidad es una risa, es mucho más que insuficiente. Es cierto que nuestros bebés tienen derecho a ser cuidados por sus madres durante mucho, muchísimo más de dieciséis semanas, y que ampliar el permiso de maternidad debería ser una prioridad. PERO no creo que echar abajo el nuevo permiso de paternidad sea la manera de conseguirlo. Creo que es un avance, y un avance positivo. ¿Que no es el avance que esperábamos? Es verdad. Pero es algo.

Llamadme incoherente si queréis que lo entenderé, pero hay algo que me rechina en oponerse a este nuevo permiso. Y me explico: Leer artículo completo

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Artículos, Relatos

Lo que aprendí en un año de ‘Motivos para ser feliz’

un año de motivos 2

Me consta que la mayoría de los que andáis por aquí me leéis desde hace tiempo, así que probablemente esto ya lo sabéis:

Hace poco más de un año, mientras mi padre estaba en el hospital, en sus últimos días, empecé a publicar #motivosparaserfeliz. No pretendía hacer una terapia, no buscaba evadirme, no tenía una intención ni un programa a largo plazo. Sencillamente una mañana, llevando a los niños al colegio antes de ir al hospital, en medio de toda la pena que me consumía aquellos días, sucedió algo. Algo sencillo, cotidiano y embriagador, que me hizo sonreír. Y pensé que solo aquello, por sí mismo, era para mí suficiente para ser feliz.

Quise fijarme en esas pequeñas cosas que me hacían sonreír a diario, en medio de la tristeza y la angustia crecientes, que se iban mezclando con la esperanza de que todo acabaría bien. Aunque algunos motivos, no podía evitarlo, se teñían de pena. Como el del café de máquina del hospital, que estaba más rico que el de la cafetería. 

Puede que, en el fondo de mi ser, supiera que el final de aquel camino estaba cerca.

El día que escribí que amanecía otra vez, fue el último día que pisamos aquel hospital, por entonces.

El primer amanecer sin mi padre, al día siguiente, él fue mi motivo para ser feliz. Simplemente, porque tuve la suerte de que fuera mi padre.

Los días siguientes me descubría siendo feliz con pequeñas cosas, que bailaban entre la intensa tristeza del momento que vivía…

Y el más absoluto de los absurdos.

Y, antes de que pudiera darme cuenta, la vida me llevó.

Para cuando quise pararme a pensar en qué estaba haciendo al escribir mis motivos para ser feliz, ya estaba enganchada. Seguía sin pretender ser una terapia, sin tener ningún propósito definido, pero no podía dejar de dedicarme ese ratito, cada día, para pensar en todas las cosas que me hacen feliz.

Quería hacer un post especial, algo así como un top ten, pero no he sido capaz. Porque un año después, repaso todos esos motivos y me doy cuenta de dos cosas: que he aprendido mucho, y que soy una persona MUY afortunada. Tampoco quiero daros la paliza con esto, es más bien como subrayar las mejores páginas de mi diario. Algo que hago porque me produce placer personal, porque sé que me gustará releerlo en el futuro tanto como me ha gustado revivirlo ahora.

Esto es lo que he aprendido: Leer artículo completo

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Relatos

Hola, Papá

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A que no adivinas lo que tengo en brazos. Tengo un bebé, papá. Has tenido otro nieto. Otra medalla al pecho. Tu octava medalla.

No, papá, no: no hemos ido a buscarlo. Ya, papá, ya: ya sé que está la cosa fatal. Sí, papá, sí: apetece comerlo.

Tiene la tez morena, los ojos redondos y oscuros… Y es un alma de verano, igual que tú. Se parece un poco a ti, ¿sabes? A veces, cuando se pone serio. Y cuando se ríe y se le ponen los ojos pequeños y se le llena la cara de arruguitas. A veces me pregunto si tendrá tu genio. A veces me pregunto si tú, de bebé, serías como él.

Llevo tiempo pensando en escribirte esta carta. Hace un año, ¿sabes? Hace un año que me lo dijeron y, no te lo vas a creer, no me acuerdo quién ni cómo. No recuerdo si fue primero Lizher o fue Juanjo, si fue por whatsapp o me llamaron. Pero sí que recuerdo cuánto me enfadé contigo. Leer artículo completo

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Artículos

Yo NO SOY defensora del parto en casa

monita pariendo

No sé muy bien por dónde empezar, así que voy a empezar por algo que me sucedió hace poco:

En una conversación con alguien, esa persona me dijo (con cariño): “Además tú, que eres defensora del parto en casa”.

Este me parece un buen punto de partida: yo NO SOY defensora del parto en casa. ¿Sabéis de qué soy yo defensora? De asumir que las mujeres son  –y sé que esto es una idea revolucionaria- seres inteligentes, capaces de tomar sus propias decisiones y, además, decidir bien. Qué locura, ¿eh?

Yo no soy defensora del parto en casa, como no soy detractora del parto hospitalario. Yo soy defensora de que cada mujer es perfectamente capaz de elegir libremente, y de que esta sociedad debería favorecer las decisiones libres, sin presuponer incapacidad o enajenación, y sin intentar, constantemente, interceder en esa decisión, y mucho menos desde el miedo. Resumiendo: yo lo que defiendo es que cada mujer pueda elegir. Si es que estoy loca.

Cuando una mujer decide que quiere parir en el hospital (en realidad, tanto si lo decide como si lo hace por inercia de grupo) no pasa nada. “Ok, baby, todo correcto. Vas por el buen camino”. Pero cuando una mujer decide, no, se plantea parir en casa, se encuentra con la combinación que desde el inicio de los tiempos se opone a cualquier cosa que cuestione lo establecido: desconocimiento + prejuicios. Mortal.

Como puedo presumir (y de hecho lo hago) de tener uno de los espacios de internet, hoy día, en el que más respeto, diversidad y diálogo se puede encontrar entre las lectoras habituales (y lectores también: ¡Hola, 5%!), pues voy a aprovechar este espacio para compartir un poco de información veraz para aquellas personas que, de verdad, tengan un poco de interés en saber más sobre este tema.

Así que me lanzo: voy a contestar a los prejuicios y preguntas con los que YO me he encontrado al decidir, con dos de mis tres hijos, parir en casa. Vaya por delante que no pretendo, ni muchísimo menos, convencer a nadie de nada, pero creo (y veo) que existe MUCHA desinformación acerca del parto en casa, así que voy a exponer la información de que dispongo a través de la investigación y mi propia experiencia, por si a alguien le puede interesar.

Empiezo: Leer artículo completo

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Artículos

Cosas ridículas que te pasan cuando decides PARIR EN CASA

Así, sin ningún orden particular.

  • El médico de cabecera se niega a darte una receta de vitamina k (¡vitamina k!) para el bebé porque “él no se responsabiliza de un parto en casa”.

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  • En el registro se vuelven locos cuando les pides la hojita amarilla para inscribir al niño “porque eso te lo dan en el hospital cuando nace el bebé”.

Yo: Es que no voy a parir en el hospital, voy a parir en casa.

Funcionario:

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20 minutos para que viniera la supervisora a darnos el papel. Leer artículo completo

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Una historia de casualidades

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Hace muchos años, a finales de una primavera calurosa, en la cuadra de una casa cualquiera, en un pueblo asturiano cualquiera, una pastora mestiza, quizás un poco mastina, parió un buen puñado de cachorros de padre desconocido, aunque a juzgar por las orejas de los cachorros, debía ser algún cazador. En aquel pueblo mucha gente cazaba. El dueño de aquella cuadra, donde aquella mestiza había parido, no era cazador: era ganadero, y aquél montón de perritos aullantes eran un incordio.

Pasado un mes, y ante los probablemente atónitos ojos de la pobre mestiza recién parida, aquel hombre había conseguido deshacerse de casi todos los cachorros. Quedaba una, canija y feucha si se la comparaba con sus hermanos, que nadie había querido. No tenía pinta de ir a ser muy grande, era nerviosa, incontrolable y asustadiza. No tenía pinta de servir para nada. Y en la práctica vida de aquel paraíso rural de un monte cualquiera de Asturias, si un animal no sirve para nada, molesta. No hay más. “La gallina que no pone, para caldo antes de que sea vieja”.

Un domingo (bueno, en realidad no lo sé, pero yo me lo imagino en domingo), cuando empezaba ya a notarse cómo el verano doblaba la esquina, y el sol de mediodía calentaba los caminos, un ciclista pasó levantando polvo junto a la cuadra, con la mala suerte de que una cachorra, canija y feucha, le salió al paso y el ciclista, girando el manillar para no atropellarla, cayó al suelo. La cachorra huyó llorando, lo que alertó al ganadero, que apareció, palo en mano, a darle un buen par de palos a la cachorra, “por escandalosa”. El ciclista, alucinado con la escena, preguntó si le pasaba algo a aquella perra.

– ¡Que no vale pa’ na! Pero no te preocupes que luego pa’ cuando des la vuelta ya no está aquí, porque na’más termine de comer la quito de en medio.

¿Hablaba en serio? ¿Acababa aquel hombre de decirle que iba a matar a la cachorra?

La situación terminó con que, después de hablar un rato, el ciclista se llevó a aquella perra, de un mes, canija y feucha, metida en su chaqueta. No sé si la pobre mestiza tuvo ocasión de despedirse de su último bebé. Leer artículo completo

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