Relatos

De cuando me encontré en Brujas con la tuna de Toledo

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Ahora que tengo al bollo pollo durmiendo la siesta encima de su señor padre, voy a aprovechar para contaros la de esa vez que me encontré en Brujas con la tuna de Toledo.

Una asturiana, dos gallegos y un francés entran en un hostal. ¡Que no! Que es broma, que no voy a empezar así el chiste, aunque eso sí que llegó a suceder.

Veréis, yo tenía 22 años casi recién cumplidos, y siempre he presumido de ser el tipo de persona que algunos llaman “afortunada”. En primavera de 2006 yo necesitaba con urgencia cambiar mi ordenador, y quiso el destino que me tocara la porra de fútbol del bar. Que yo no tengo ni idea de fútbol, pero tonta del todo no soy y me saqué un sistema estadístico de la manga con el que sabía que tarde o temprano me tocaría la porra. Lo que dependía del azar era la cantidad que me iba a tocar, cuando me tocase… Y el azar quiso que me tocaran mil ochocientos euros. Así que, como necesitaba urgentemente un ordenador, y yo con 22 años era superresponsable, pues me compré el ordenador a plazos y con lo de la porra me fui de interrail.

Me fui sola, por cierto. Mi viaje soñado: me fui con mochila y sin planes. Estuve en Barcelona, París y Bruselas y, cuando unos días después llegué a Brujas, me llevé un revés cuando descubrí que justo estábamos en vacaciones de Pascua, y que el hostel tan chulo que había visto por internet no tenía habitaciones libres, así que pasé una primera noche en un lugar llamado Charlie Rockets y, después, me fui al hostel más escondido de todo Brujas: el Hostel de Passage. Leer artículo completo

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Artículos

“Querida Jess: El baile de fin de curso es mañana y mis alumnos dicen que la canción es una caca. ¿Cómo los motivo?”

JESSICA GOMEZ-RETRATOS (19)

Pues para hoy tenía planeado contar una historia de viajes, pero me llega esta consulta urgentísima que me veo en obligación de priorizar.

Nos cuenta anónimamente Teacher Acabá:

Querida Jess:

(¡Esta vez no me lo he inventado! ¡Lo ha puesto!)

Querida Jess: Mañana tengo los bailes de fin de curso con mis niños de tres años y hoy me han dicho que la canción “es muy caca, teacher” y no me da tiempo a cambiarla, que puedo hacer para motivarlos? (Los pasos son muy sencillos y se pueden poner en cualquier canción pero Queen no es caca 😭😭😭)

He aquí mi consejo: Leer artículo completo

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Querida Jess: “Mi hijo no quiere participar en la función del cole. ¿Qué hago?”

JESSICA GOMEZ-RETRATOS (19)

Pues iba a empezar esta tontería de verano con otra consulta, pero al final me he decidido por esta, dado su carácter urgente.

Nos dice anónimamente la amiga Mari Paqui:

Querida Jess:

(Bueno, lo de «querida Jess» me lo he inventado yo, que me hacía ilusión)

Querida Jess:

Este viernes es la actuación de fin de curso del cole de mi hijo. Llevan dos semanas ensayando la canción y ahora dice que él no va, que no quiere participar. ¿Qué puedo hacer?

Después de mucho meditarlo, esta es mi respuesta: Leer artículo completo

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Parirás con dolor, o cómo infantilizar a una mujer y robarle su parto

LEO (74)

Escribir es muy difícil, a veces. Lo que tienes que contar es tan grande, abarca tanto, tanto, que te sientes con tu teclado como David con su tirachinas frente a Goliat, con la total seguridad de que, hagas lo que hagas y digas lo que digas, será insuficiente.

Y si a eso le sumas que lo que te ha llevado a sentarte frente al teclado es algo que te duele y te cabrea en lo más hondo, se te atascan las letras en los dedos. Es difícil ordenar las ideas con el cerebro lleno de bilis. Y tú sabes que a medida que la ira entra la elocuencia se va yendo, y si se va la palabra no importa cuánta razón tengas o dejes de tener, que la credibilidad la pierdes.

Por eso es tan difícil escribir esto. Porque es hacerlo sabiendo que no lo harás bien. No lo suficiente. Pero no lo suficiente es algo, aunque sea poco. Y poco es mejor que nada. Y, al final, somos muchos pocos: muchas pequeñas voces las que estamos, contenidas de rabia y dolor, dejándonos ver en la red para decir que ya basta.

Esto no ha sido solo una agresión contra una madre que quería parir en casa: es una agresión contra la libertad de todas las mujeres a decidir sobre algo que debería ser tan sagrado e intocable como es nuestra sexualidad.

Y es que es ahí donde hay que poner el foco: esto no puede convertirse, una vez más, en un debate sobre si parir en casa sí o si parir en casa no. No va de eso. Intentemos dejarlo claro desde el principio: parir en casa es legal, es una opción que se recoge dentro de la autonomía de cualquier paciente o usuario. El sistema público de salud no es de uso obligatorio, sino voluntario y si cualquier persona decide llevar su salud al margen del SNS está en su pleno derecho de hacerlo.

Puedes estar más o menos de acuerdo con los partos en casa, pueden parecerte mejor o peor, ese no es el tema aquí. Aunque, sea cual sea tu opinión acerca de ello, dejemos esto claro desde el principio: en un embarazo normal y sano, evidencia científica en mano, el parto domiciliario no tiene mayor riesgo que el hospitalario. ¿Existe riesgo? Sí, porque el riesgo cero no existe: ni en casa ni en el hospital.

Entonces, ¿de qué estamos hablando aquí? De que cualquier persona, CUALQUIER PERSONA que esté en pleno uso de sus facultades mentales, tiene la libertad y el derecho a decidir sobre su salud, sobre a qué tratamientos y procedimientos quiere o no someterse, sobre qué riesgos quiere o no correr, y esa serie de libertades y derechos vienen recogidos, contemplados y, teóricamente, protegidos y garantizados en cosas tan básicas como son la Ley General de Sanidad y la Ley de Autonomía del Paciente. Leer artículo completo

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Artículos, Relatos

Nuestra Señora de París

Quimeras
En la entrada de mi casa hay cuatro fotos desde hace trece años, del que diría, sin duda, que fue el viaje de mi vida: mi cara junto a ‘La habitación de Arlés’ de Van Gogh, en Amsterdam; la Rue du Market, en Bruselas; mi bici en el callejón del Hostel de Passage, en Brujas; y una quimera de Notre Dame.
 
¿Sabíais que lo que normalmente llamamos gárgolas en realidad no lo son? Las gárgolas (de las que Notre Dame está llena) son unas esculturas que cumplen además una función de desagüe. Por eso tienen la boca abierta y miran hacia abajo. Estas de las fotos (fotos que yo hice en aquel viaje), de las que también está llena Notre Dame y que son puramente ornamentales, se llaman quimeras.
 
No es que sea yo muy estudiada: te lo explicaba el folleto que te daban al entrar en la catedral.
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Gárgolas
Gárgolas
Pasa un poco lo mismo que con la novela de Victor Hugo, que muchos piensan que es ‘El jorobado de Notre Dame’ y en realidad se titula ‘Nuestra Señora de París’ (‘Notre Dame de Paris’).
 
Creo que era lunes cuando llegué a París. Me dirigí, junto a dos chicas argentinas que había conocido en el tren, al Boullevard de la Chapelle. Camino de un hostel encontramos un hotel barato y decidimos quedarnos allí (la habitación triple nos costaría lo mismo por cabeza que el hostel, y no tendríamos que compartir baño con cuarenta personas).
 
Estaba emocionada por conocer París. Pero, sobre todo, estaba emocionada por conocer Notre Dame.
Mi error, el primer día, fue ir andando. Cuando llegué a La Citè, la catedral estaba ya cerrada. Eran las siete de la tarde, y solo pude verla por fuera. Hice fotos de TODAS Y CADA UNA de las gárgolas que se veían desde abajo. Las quimeras tendrían que esperar al día siguiente.

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Relatos

Tortitas, agujas, prisas y mentiras (Malditos seáis, adultos)

Tortitas, agujas y mentiras

Ahora que tengo un ratín, quiero compartir algo. Puede que lo lea alguien que en su trabajo se relacione con niños, aunque sea de manera ocasional -puede que, sobre todo, si es de manera ocasional- y le sirva para reflexionar acerca de su manera de relacionarse con ellos. En realidad, tengo la esperanza de que así sea.

Os voy a contar lo que me ha pasado hoy:

Mi hija mediana tiene una percepción y una sensibilidad excepcionales, lo cual es una gran cualidad, aunque en ocasiones dificulta algunas situaciones. Por ejemplo, es muy aprensiva  y temerosa del dolor en el propio cuerpo.

Esta mañana fuimos al centro de salud, porque tenían que sacarle sangre para unos análisis importantes. Nos dieron la cita la semana pasada, y estuve desde entonces preparándola, ayudándola a mentalizarse de lo que iba a pasar hoy cuando llegáramos al ambulatorio.

– No quiero, mamá, tengo miedo.

– Lo sé, es normal tener miedo.

– Pero, ¿me va a doler?

– No lo sé. A algunas personas les duele, a otras no. Lo que puedo prometerte es que durará poco. Leer artículo completo

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Relatos

Mis tres viajes: el autobús, el mar y la montaña

LEO (29)

En mi vida, ha habido tres viajes importantes. De esos que te marcan para siempre y que establecen uno de esos puntos que separan un antes de un después.

El primero fue un viaje en autobús.

Tenía claro cuál era el destino, y tenía claro también que yo no podía conducir aquel autobús, obviamente, pero la inexperiencia me jugó una mala pasada. Me subí al autobús creyendo que podría decidir sobre la ruta, por ejemplo. No pensaba hacer ninguna locura, eso es obvio. Pero, ignorante de mí, creí que podría decidir si prefería ir por autopista, para llegar antes, o por carretera nacional, viendo el paisaje. Que podría elegir algunas cosas, como cuándo parar a descansar, dónde, por cuánto tiempo… Lo sé: hay que ser idiota.

Al poco tiempo de subirme al autobús, me di cuenta de que yo no tenía ningún control sobre lo que sucedería en las horas siguientes. No solo no pude decidir, sino que intentarlo suscitaba la risa del conductor y del resto del pasaje. No entendía cómo a todo el mundo le parecía normal que un viaje tan importante tuviera que supeditarse a los horarios y voluntad de quien llevaba el autobús, en lugar de escuchar a los viajeros. Me sentaron en un asiento sin ventanilla, y ni siquiera tuve ocasión de disfrutar de las tierras que dejábamos atrás, antes de llegar a aquel destino del que no habría vuelta. Nunca sabré si al otro lado de cristal había arena o amapolas.

Y llegué, es cierto, a la estación de destino. Justo al lugar al que sabía que iría antes de arrancar. Todo había ido según lo previsto, tal como el conductor había programado. Pero yo me había perdido el paisaje. No pude evitar sentir –y de hecho aún lo siento- que me quitaron una parte importante de ese viaje. Cuando llegué a la estación, no sabía dónde estaba exactamente, ni qué tenía que hacer. Me sentía perdida. Desorientada. Triste.

El segundo lo hice nadando.

Mi objetivo era claramente llegar a la orilla y yo, que sabía que llevo en las venas mil generaciones de nadadoras, decidí que este viaje sería a nado. Bueno, más bien  yo pensaba que iba a nadar, pero, al final, el agua me llevó.

Me sumergí en el agua, entre risas y llena de determinación, dejando atrás lo que conocía. Cuando quise darme cuenta, flotaba en ese mar que me abrazaba con la infinidad del universo. Ese mar en el que el tiempo no existía y el espacio cobraba una nueva dimensión. En el que yo misma me convertía en un ente desdibujado, fuera del alcance de lo terrenal.

Entonces, el mar se desató. Y yo aprendí la sutil y vital diferencia entre ser arrastrada y dejarse llevar. Un inmenso maremoto de olas que se sucedían fuera de mi control me sacudían. Por un instante el miedo tensó todos mis músculos, haciéndome más difícil seguir a flote. Pero entonces confié. En mí, en el mar, en la orilla. Respiré hondo y mi cuerpo, como si se viera invadido por una sabiduría ancestral, se cargó de oxígeno, se expandió extasiado sobre las prístinas aguas, y las mismas olas que unos momentos antes parecían querer hundirlo lo elevaban ahora hacia el cielo, hacia las estrellas, hacia el universo. Y, cuando alcancé la orilla, me sentí capaz de todo. Sabia. Conectada. Infinita.

El tercero escalé una montaña.

Llegué a aquel paisaje preguntándome si habría otra orilla a la que llegar, pero aquella vez mi destino era la cima de una montaña, nevada y empedrada. Aunque eso solo lo entendí cuando ya había empezado a escalar.

Fue un viaje largo. No tan largo como el viaje en autobús, pero tampoco estaba siendo como dejarse llevar por el agua, eso estaba claro. El cuerpo me pesaba más a cada paso del ascenso. Mis piernas se hundían cada vez más en la nieve virgen. Y juraría que, en algún momento, empecé a cargar con las rocas del camino. Tenía plena consciencia de cada movimiento, de cada paso que avanzaba, de cada centímetro que le ganaba a aquel terreno difícil. Me faltaba el aire. Tenía calor. El cansancio me vencía. El juicio se me nublaba.

En un punto del camino me sentí derrotada, miré hacia arriba y creí que jamás alcanzaría la cima. Pero entonces me di cuenta: ese, y no otro, era el punto de no retorno, e inicié de nuevo la marcha, dispuesta a dejar todo mi ser en aquel viaje.  Le grité a la montaña mientras ascendía. Usé toda la fuerza de cada músculo de mi cuerpo. Apreté los puños. Abrí la boca. Gemí de puro esfuerzo. Con cada bocanada de aire que escupía rugiendo, recuperaba fuerza para el siguiente paso. Pisé fuerte. Pisé firme. El ascenso fue duro, sangriento, escatológico y rematadamente precioso. Y cuando al fin, con un último, desgarrador y glorioso grito, alcancé la cima, me sentí otra vez capaz de todo. Fuerte. Poderosa. Terrenal.

***

En la cima de la montaña, me esperaba mi hijo Leonardo. En mis carnes lo abracé desnudo y ensangrentado, mi guerrero con alma de poeta, y lo envolví en una manta, blanca como la nieve y cálida como un suspiro, en la que solía dormir una gata color ajedrez. La nieve en la montaña dio paso a la primavera, y en aquella cima aspiré profundo el aire de la vida, que olía a sangre y caramelo.

A la orilla, junto a mí, llegó mi hija Ainé. Y nos abrazamos, desnudas y mojadas, y nos conocimos así mi reina de las hadas y yo: cremosas y plenas de libertad. Porque ella no puede evitar ser así: tan impetuosa como benévola. Tan explosiva como sanadora. Tan térrea como mágica. Tan de fuego, y tan del mar.

En la estación de autobuses,  en una cuna de plástico higienizada, guardaron a mi hijo Hugo. Pero cuando llegué a la estación –cosas del papeleo- no me lo pudieron dar, y mi bebé tuvo que esperarme, en esa burbuja de plástico, durante algunas horas más. Me lo entregaron tapado con una sábana almidonada que olía a detergente y estación.  Cuando salí al exterior con mi bebé recién estrenado me encontré un cartel que decía “Bienvenida a La Maternidad”. Y yo seguía sin saber qué coño tenía que hacer.

Cada viaje es único. Cada viajera es diferente a todas las demás. No podría haber cruzado el mar en autobús, del mismo modo que no podría haber ascendido a la cima nadando. Quiero pensar que cada viaje tiene un sentido, un propósito, un aprendizaje. En la montaña aprendí que soy fuerte. En el mar aprendí que soy libre. Y de aquel autobús aprendí algo muy importante: aprendí cómo no quiero ser. Ni sumisa, ni educada, ni correcta. Aunque nunca podré dejar de preguntarme… De mi primer viaje, ¿qué habría aprendido, si hubiera podido ver el paisaje?

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Fotos: Ana Hevia. Pie de foto@anahevia_

Las imágenes están protegidas y no pueden ser utilizadas sin mi consentimiento expreso.

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Eventos, Relatos

El cuento de ‘La madre Perfecta’, el cuento de ‘La madre Desastre’

perfecta y desastre

Como os había contado, he estado presente como ponente, junto a mi querida Melisa (Madre Reciente), en la IX edición de Gestionando Hijos. Ha sido una experiencia maravillosa, más allá de todas mis expectativas, no solo porque he hablado sobre las tablas del Teatro Lope de Vega ante mil cuatrocientas personas. Ha sido una mañana emocionante y divertida, donde las lágrimas y las risas se han ido intercalando en cuestión, a veces, de solo unos segundos.

Un estupendo equipo de organización y de ponentes, de los que me llevo mucho, mucho aprendizaje. Porque ya sabéis que siempre, siempre, podemos aprender algo nuevo. De verdad, que magnífica mañana ❤

El motivo de escribir este post es que muchísimas personas me han preguntado tras el evento si los cuentos que leí son míos y/o si existen. Tanto me lo han preguntado que me empiezo a plantear convertirlos en un libro real 😅 Pero de momento voy a dejarlos aquí, en mi blog que es vuestra casa 🙂

Para quienes no estuvisteis presentes ni lo visteis en directo a través de facebook live, os pongo en antecedentes:

Melisa y yo queríamos transmitir un mensaje claro: no somos perfectas, ni falta que hace. La maternidad (como la vida) consiste en disfrutar del paisaje mientras andamos, en ser felices y en que, si no llegamos a todo, no pasa nada. Y para transmitir esta idea hicimos una ponencia en tres actos: el cuento de la madre perfecta, la historia de la madre regular, y el cuento de la madre desastre. Los cuentos los escribí a propósito para el evento y preparé un falso libro de atrezzo (que, os cuento en secreto, en realidad era el de A qué sabe la luna tuneado😉).

Así que, sin más dilación, aquí os dejo los cuentos originales, tal como los escribí para el evento, aunque luego hube de recortarlos para no extenderme en el tiempo. Solo os digo una cosa: uno de los cuentos es fantasía. El otro, está basado en hechos reales. Adivinad cuál es cuál. Leer artículo completo

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Eventos

#megustaeducar ¡Nos vemos en Gestionando Hijos!

MELISA TUYA JESSICA GOMEZ

Yo no sé qué pasa, que todos los años, cerca de mi cumple, pasa algo interesante.

Hace cuatro años me propusieron mi primer cuento, hace tres la FECYT valoró un proyecto educativo en el que yo participaba como uno de los tres mejores de aquel año, hace dos años me fui a los premios Bitácoras como finalista y a participar en una mesa redonda en ManchaArte, el año pasado me propusieron la campaña publicitaria para Natura y este año… ¡Este año me voy a Gestionando Hijos, Mari!

yuhu

Mi amiga Melisa (Madre Reciente) y la menda lerenda vamos a hacer una breve ponencia juntas, titulada La educación no es un cuento, en la que, a través de dos cuentos y algunas interesantes reflexiones, reivindicaremos nuestro derecho a no peinarnos. El evento será el próximo sábado 24 de noviembre, de 9 a 14 horas. Nosotras salimos a las 12:15 y se podrá seguir en directo a través de facebook live.

Hay un cartel que se me saltan los ojos. Bueno, las lágrimas, ya me entendéis.

Está, por ejemplo, Marina Marroquí, que ha sido mi momento grupi número uno, porque me dejó fascinada desde el minuto cero en su aparición en Salvados. Estará Boticaria García y también Pedro García Aguado, a quien seguro que recordáis de Hermano Mayor. Y mi momento grupi número dos lo he tenido al ver que también estará Javi Nieves, que me hace mucha ilusión porque lo escucho todas las mañanas. Voy a ver si consigo hacerme un selfie con mis momentos grupi sin parecer una fan histérica.

fan
¡Marinaaaa! ¡Javiii! ¡Tengo vacaaaaas!

La verdad es que todos los ponentes son unas joyas en lo suyo, y yo no tengo claro qué pinto ahí, pero como voy con Melisa pues silbaré disimuladamente y así se me nota menos que seré como una castaña en un yogur.

En la página de Gestionando Hijos tenéis el listado de ponentes y el programa (click aquí), y podéis comprar las entradas en este enlace.

Le he dicho a mi madre que no puedo ir toda arreglada porque pierdo credibilidad, y me ha sacado la carta de que la mato a disgustos. Al final le he dicho que voy a ir un poco mona, así que ya sabéis: si alguien va, nada de fotos, que luego to se sabe.

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Eventos

El día que presenté mi librín

presentacion

De verdad que no puedo ser más desastre, qué horror.

Hace más de TRES MESAZOS que presenté mi libro de relatos, La mujer de al lado, en la Librería La Buena Letra de Gijón, y ni dos míseras líneas le he dedicado al evento. Pero, como reza el famoso reloj británico: Es más tarde de lo que piensas, pero nunca es demasiado tarde. Además, si hago las cosas bien pierdo credibilidad.

El ratito fue maravilloso. Fui preguntándome si iría alguien y me encontré la librería llena. Qué estupenda sensación. Además, entre la gente estaba Javier, mi antiguo profesor de literatura. Elegí dos de mis relatos favoritos para leerlos en voz alta, Libre para ser princesa Querida señora de la hamaca de rayas, que quise dedicar a mi madre, aunque invité a todos los presentes a pensar en una mujer importante en sus vidas.

Justo cuando leía este último relato, mi bebé, que acababa de nacer, pidió teta y me cortó justo cuando iba a arrancarme yo a llorar, así que me dio tiempo a coger aire y al final no lloré como una magdalena puérpera. Todo estupendamente planeado y sincronizado.

También advertí: los relatos están escritos a razón de uno por semana. Recomiendo fervientemente leerlos al mismo ritmo, porque si los lees del tirón te comes el libro en dos horas y luego vas a pensar que son los quince euros peor gastados de tu vida. Yo lo digo.

Estas son algunas de las cosas que los presentes dijeron aquel día:

“Escucharte es un regalo.” – Una señora.

“Tienes un talentazo.” – La misma señora.

“No quedan sillas.” – El librero.

“Veo que vienes peinada y maquillada. ¿No tenías otros zapatos?” – Mi madre.

“Yo he venido porque creí que habría croquetas.” – Yo.

Vamos, yo no sé a qué esperáis para haceros con un ejemplar 

En papel ➡️ http://jessicagomezautora.com/producto/la-mujer-de-al-lado/
En Kindle ➡️ https://www.amazon.es/mujer-lado-Jessica-Gómez-Álvarez-ebook/dp/B07FYVXM1X/

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