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“Mamá, ¿cómo se hacen los bebés?”

como se hacen los bebes iluminado

Reconozco estar un poco abrumada con la respuesta que ha tenido esta “tontería” en las redes, tanto en facebook como en instagram, que publiqué dentro de mi serie de #motivosparaserfeliz (serie que empecé a modo de ejercicio mental cuando mi padre estaba en el hospital).

Era solo una publicación más, pero mucha gente, en comentarios y mensajes privados, me ha sugerido/pedido que cuente cómo se lo expliqué, cómo respondí, a mi hija de cuatro años, a la pregunta de “cómo se hacen los bebés”.

No imaginé que pudiera ser de interés algo así, ni sé muy bien qué puede tener de especial verme a mí explicar algo, pero si puede serle de utilidad a alguien que no sepa cómo abordarlo, pues por qué no 🙂 Además, fue una conversación divertida ^_^´

Y también es cierto que hace tiempo que me ronda la cabeza la idea de hacer algunos post bajo la etiqueta Explicado a los niños, porque me he dado cuenta de que, a menudo, consigo explicarles conceptos (casi siempre bloc mediante) como el capitalismo, el consumo responsable, el machismo, la guerra, la identidad de género y otros que, a priori, no parecen fáciles… Así que me he animado y ¡venga! ¿Por qué no?

Os contaré la escena. Coged palomitas, que empieza la peli: Leer artículo completo

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Tú también vas a tener… CUERPO DE SEÑORA

Cuerpo de señora

A mí me parece que todos tenemos una idea clara de lo que es un cuerpo de señora. De señora normal, vaya, como puede ser tu madre, o la mía, o la abuela de cualquiera. Pues ese cuerpo, oiga, no aparece de repente.

Una no se acuesta un día siendo un pibón y se despierta a la mañana siguiente con el ombligo entre las tetas y la bolsa del Carrefour en la cabeza, por si llueve. Conseguir un cuerpo de señora es un proceso lento y paulatino, que empieza, probablemente, el mismísimo día que te encuentras la primera cana.

Tú no te acuestas un día con una melena negra como el ojal de un orco y amaneces con un mocho de fregar en la cabeza. Te aparecerán, una a una, como las antenas de Casimiro. Y aunque tú intentes seguir pareciendo afable y lozana, empezarás a dar repelús. Como Casimiro.

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Y la papada… ¡Ja! A ver si te crees que un día te vas a la cama con el perfil de una figurita de cristal soplado y te levantas convertida en pelícano. No, maja, no. Tú un día vas a mirarte las ojeras al espejo, como todas las mañanas, y te ves ahí una marca justo detrás de la barbilla que antes no estaba. Y piensas “Bah! Habré engordado un poco. Leer artículo completo

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Sobre el odio

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Ayer por la tarde, unos amigos vinieron a vernos a nuestro lugar de vacaciones. Salieron de su casa a las cuatro y media de la tarde. Justo veinte minutos después, a las cinco menos diez, ellos estaban en plena carretera, yo preparaba fruta para la merienda y mis hijos preguntaban nerviosos cuánto tiempo faltaba para que llegaran. En ese mismo instante, una furgoneta asaltaba la Rambla de Barcelona, llevándose en su locura la vida de trece personas y sembrando un centenar de heridos en la calle.

Llegaron a las cinco. Nos dimos besos, abrazos y risas. Un baño en la piscina. Nos fuimos a merendar. Los niños jugaban, Paloma y yo hablábamos de mil cosas, todas a la vez. Mi hombre, en casa, a trescientos kilómetros de nosotros, me llamó por teléfono sobre las seis:

-¿Te has enterado?

-¿De qué?

-Ha habido un atentado…

Nos quedamos paradas. Es terrible. ¿Cuántos muertos, dice? Trece. En twitter ponen que dos. Ve a saber. No, no, son trece. Qué horror.

Qué horror.

Estuvimos un rato en silencio. Seguimos merendando. Recuperamos la conversación. Nos lo comimos todo: la fruta, el embutido, la tarta de manzana. Volvimos a la piscina a darnos otro baño. Luego nos tomamos algo en la terraza del bar. Seguimos hablando. Más risas. A las diez nos despedimos, igual que cinco horas antes, con besos y abrazos.

Y así, el mundo, siguió girando. Porque siempre lo ha hecho. A pesar del dolor, de la injusticia, del miedo, el muy condenado sigue girando, y la vida avanza con su giro.

No se paró cuando murió la abuela de mis hijos, ni mi abuela, ni mi hermano. No se parará cuando nos vayamos nosotros, tampoco. Nunca lo hace. No importa cuántas familias desgarradas habiten el planeta, no importa cuánto duela, no importa nada: nunca lo hará.

Y ellos lo saben.

Saben que no pueden parar el mundo, y por eso no lo pretenden. Lo que pretenden, lo que buscan, es sembrar odio. Y lo terrible, lo que verdaderamente da miedo, es que lo están consiguiendo. Los muy cabrones, lo están haciendo.

Nos están rompiendo por dentro. Nos dividen. Nos enfrentan. Y no, no hablo de “europeos contra musulmanes”, hablo de personas contra personas. El único arma capaz de dominar al ser humano con más eficacia que el dinero es el miedo.

Y ellos lo saben.

Y lo utilizan. Leer artículo completo

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A Naiara la matamos todos

A Naiara la matamos todos crimen sabiñanigo

El otro día oí la noticia de una niña que había fallecido, supuestamente, por una caída por las escaleras, aunque los servicios sanitarios sospechaban de malos tratos.

Ayer por la tarde leí en los medios que su tío la había matado. No intencionadamente. “Se le había ido la mano” al castigar a la niña, porque no se estaba portando bien.

Decía John Lennon que vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día.

Podéis decir que fue su tío. Podéis ponerle un nombre al culpable, que es lo que mejor se nos da: buscar culpables. Así nuestras conciencias se limpian. Pero la realidad es que a Naiara la matamos todos. Leer artículo completo

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CONVERSACIÓN ENTRE MIS ÓRGANOS: ¿Qué cenamos hoy?

Mis organos debatiendo2

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Estómago: Tengo hambre. ¿Cenamos ya?

Cerebro: Sólo son las 9.

Estómago: Pero es que yo tengo hambre.

Núcleo supraquiasmático: Yo creo que hoy nos acostamos temprano…

Cerebro: Bueno, entre que preparamos y tal nos dan y media… Ok. ¿Qué te apetece?

Estómago: Chocolate.

Páncreas: Hace una hora que te comiste un donut. No doy abasto.

Estómago: Chocolate.

Páncreas: Que no me toques los cojones.

Estómago: Chocolate.

Cerebro: No podemos cenar chocolate. Algo sano.

Estómago: Ensalada.

Cerebro: Ok.

Estómago: Con chocolate.

Páncreas: ¡Tus muertos!

Cerebro: ¡Que no!

Estómago: No estáis contentos con nada.

Cerebro: A ver qué hay en la nevera.

Intestino: Algo ligero, por favor, que tengo atasco.

Nariz: ¿Qué es lo que huele?

Cerebro: El cabrales.

Nariz: No, no. Queso no es. ¿Es carne?

Ojos: Vemos pollo. Parece rancio.

Cerebro: Es una trasera de pollo. Está a punto de ponerse malo. ¿Lo hacemos al horno?

Intestino: ¡Eh! ¡Los experimentos con gaseosa!

Estómago: ¿Al horno? ¡Pero yo quiero comer ya!

Cerebro: A tomar pol culo. Vamos a hacer el pollo. Leer artículo completo

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Adiós, Carles

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Qué terrible, Carles. Cómo puede ser esto…

¿Sabes? Tenía la esperanza de que en algún momento, en algún lugar, a la fuerza acabaríamos coincidiendo. Y entonces yo podría acercarme a ti con el móvil en la mano, y tener un #momentogroupie, y hacernos un selfie, y decirte como una adolescente chillona que me encantabas. Porque me encantas, Carles.

Porque eras una dosis de sentido común, pero no era por eso. Tampoco era por las risas. Era por lo que transmitías: que todos somos imperfectos. Y que no pasa nada por ser imperfecto. Y qué importante es eso para los padres. Qué bien lo sabías. Nos devolvías a la tierra pero para caminar con más ligereza, con menos carga… Con menos miedo. Con más alegría. Con la falta que nos hace la alegría… A todos, no sólo a los que somos padres. Leer artículo completo

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A vosotras, matronas:

A vosotras matronas

A ti, matrona desconocida. Que entras, miras tubos y vuelves a salir, y no pronuncias palabra. Que no sabes cómo se llama. Que no preguntas cómo está. O peor: que lo preguntas, pero no te paras a escuchar la respuesta.

A ti, matrona que ignoras. Que te piden y pasas de largo. Que te excusas. Que quieres cumplir los tiempos.

A ti, matrona que sólo miras los números y refunfuñas entre dientes. Que te vas y no dices qué pasa. Que dejas un halo de preocupación y miedo en la habitación cuando te vas.

A ti, matrona que culpas a la madre. Que gritas que lo está haciendo mal, que le dices que no sabe empujar. Que dices que “esto no es así”, que “esto así no sale bien”.

A ti, matrona que tienes prisa. Que quieres acabar ya.

A ti, matrona que sientes que sólo es un parto más.

A ti, matrona que, en algún lugar, fuera de ese hospital, dejaste olvidada la ilusión. Que has convertido el momento más feliz de cada una de esas familias en tu aburrida rutina de cada día.

A ti, matrona que has dejado de sentir, quizá por no padecer.

A ti, matrona que has olvidado la vocación en pos de la profesión. Que has gastado la pasión.

A ti, matrona… Que no te sorprenda que esta carta no sea para ti: Leer artículo completo

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La vida frágil

la vida frágil

Los sostuve en brazos, y recordé el miedo.

Puede que porque nunca había cogido en brazos unos bebés que me importaran tanto como mis propios hijos. Comprobé el tono de su piel, los deditos de sus pies, su respiración.

“¿Respiran?”

Recordé el miedo, porque nosotros somos fuertes, pero la vida es frágil.

Recordé el miedo, cuando mis hijos eran así y yo tenía la sensación de que  sus vidas podían romperse entre mis dedos si yo no lo hacía bien. Si no era suficiente para ellos. Recordé la noche en vela cuando mi hijo mayor vomitó por primera vez, porque creía que se ahogaría mientras yo dormía, así que pasé la noche despierta, mirándolo. Recordé las lágrimas cuando dudé de si mi pecho sería bastante para él, cuando el miedo me decía que lo mataría de hambre si me equivocaba. El miedo a que los mocos lo ahogaran, a que sus primeras comidas lo atragantaran. A que él enfermara y yo no supiera verlo a tiempo. Miedo, miedo, miedo.

Pero, en algún momento, no sé cómo, los miedos se diluyeron en la rutina. En la prisa. En el sobrevivir trastabillando un día con otro. Se diluyeron en el “lávate los dientes”, en el “coge la mochila”, en el “anda más deprisa que llegamos tarde”. Se diluyeron en los buenos modales a la mesa, en la hora de irse a dormir, en el “bájate de ahí que te vas a hacer daño”. Se diluyeron en la vida de otra madre. Otra diferente a la que yo quería ser.

Y olvidé todo lo que soñé que haría cuando ya no tuviera miedo… Leer artículo completo

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¡Uga, uga!

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Pues es que si no le doy un garrotazo en la cabeza ya me dirás cómo me la llevo.

Pues es que si no la arrastro de los pelos ya me dirás cómo la meto en la caverna.

Pues es que si no la obligo a ver si no cómo la monto.

Pues es que si no quiere que la tomen por puta que no se vista de colores. Leer artículo completo

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Pelayo 2.0

don pelayo jose martin anton crespo

Os quiero contar la historia de una conquista fallida. De una incursión llevada a cabo en territorio astur desde las montañas que cierran Asturias al sur.

La historia de unas gentes que venían blandiendo la milonga del respeto hacia todas las personas, pero que se valían del respeto para intentar imponer con rigidez su manera de pensar. Que decían querer paz, pero que removían la guerra. Que predicaban la libertad, pero que practicaban la opresión.

En esta historia, esas gentes, al llegar a esta abrupta tierra y hacer la parada propia de quien transita un camino difícil después de un largo viaje, tuvieron un inesperado recibimiento:

Gente humilde, gente obrera. Guerreros pero no soldados, los recibieron a pedradas. Y esa gente, que venía pacíficamente a conquistar nuestras ideas, se tuvo que ir por donde había venido. Rechazada, humillada, derrotada. Leer artículo completo

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