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“Querida Jess: Mi hijo no quiere ir bien vestido a su graduación”

JESSICA GOMEZ-RETRATOS (19)

Nos cuenta la amiga Marta:

Querida Jess:

Mi hijo se gradúa de sexto de primaria y me dice que él no quiere ir arreglado a su graduación. Que si hace frío va en chándal y si hace calor con un conjunto de esos deportivos de manga corta y pantalón corto. Ni siquiera se quiere poner las playeras más nuevas, ¡que dice que va con las de diario!

Estoy muy preocupada, sus compañeros incluso van a estrenar camisas y bermudas. ¿Qué hago? Estoy muy angustiada. Gracias por tu ayuda

Firmado: una madre preocupada.

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“Querida Jess: El baile de fin de curso es mañana y mis alumnos dicen que la canción es una caca. ¿Cómo los motivo?”

JESSICA GOMEZ-RETRATOS (19)

Pues para hoy tenía planeado contar una historia de viajes, pero me llega esta consulta urgentísima que me veo en obligación de priorizar.

Nos cuenta anónimamente Teacher Acabá:

Querida Jess:

(¡Esta vez no me lo he inventado! ¡Lo ha puesto!)

Querida Jess: Mañana tengo los bailes de fin de curso con mis niños de tres años y hoy me han dicho que la canción “es muy caca, teacher” y no me da tiempo a cambiarla, que puedo hacer para motivarlos? (Los pasos son muy sencillos y se pueden poner en cualquier canción pero Queen no es caca 😭😭😭)

He aquí mi consejo: Leer artículo completo

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Querida Jess: “Mi hijo no quiere participar en la función del cole. ¿Qué hago?”

JESSICA GOMEZ-RETRATOS (19)

Pues iba a empezar esta tontería de verano con otra consulta, pero al final me he decidido por esta, dado su carácter urgente.

Nos dice anónimamente la amiga Mari Paqui:

Querida Jess:

(Bueno, lo de «querida Jess» me lo he inventado yo, que me hacía ilusión)

Querida Jess:

Este viernes es la actuación de fin de curso del cole de mi hijo. Llevan dos semanas ensayando la canción y ahora dice que él no va, que no quiere participar. ¿Qué puedo hacer?

Después de mucho meditarlo, esta es mi respuesta: Leer artículo completo

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Parirás con dolor, o cómo infantilizar a una mujer y robarle su parto

LEO (74)

Escribir es muy difícil, a veces. Lo que tienes que contar es tan grande, abarca tanto, tanto, que te sientes con tu teclado como David con su tirachinas frente a Goliat, con la total seguridad de que, hagas lo que hagas y digas lo que digas, será insuficiente.

Y si a eso le sumas que lo que te ha llevado a sentarte frente al teclado es algo que te duele y te cabrea en lo más hondo, se te atascan las letras en los dedos. Es difícil ordenar las ideas con el cerebro lleno de bilis. Y tú sabes que a medida que la ira entra la elocuencia se va yendo, y si se va la palabra no importa cuánta razón tengas o dejes de tener, que la credibilidad la pierdes.

Por eso es tan difícil escribir esto. Porque es hacerlo sabiendo que no lo harás bien. No lo suficiente. Pero no lo suficiente es algo, aunque sea poco. Y poco es mejor que nada. Y, al final, somos muchos pocos: muchas pequeñas voces las que estamos, contenidas de rabia y dolor, dejándonos ver en la red para decir que ya basta.

Esto no ha sido solo una agresión contra una madre que quería parir en casa: es una agresión contra la libertad de todas las mujeres a decidir sobre algo que debería ser tan sagrado e intocable como es nuestra sexualidad.

Y es que es ahí donde hay que poner el foco: esto no puede convertirse, una vez más, en un debate sobre si parir en casa sí o si parir en casa no. No va de eso. Intentemos dejarlo claro desde el principio: parir en casa es legal, es una opción que se recoge dentro de la autonomía de cualquier paciente o usuario. El sistema público de salud no es de uso obligatorio, sino voluntario y si cualquier persona decide llevar su salud al margen del SNS está en su pleno derecho de hacerlo.

Puedes estar más o menos de acuerdo con los partos en casa, pueden parecerte mejor o peor, ese no es el tema aquí. Aunque, sea cual sea tu opinión acerca de ello, dejemos esto claro desde el principio: en un embarazo normal y sano, evidencia científica en mano, el parto domiciliario no tiene mayor riesgo que el hospitalario. ¿Existe riesgo? Sí, porque el riesgo cero no existe: ni en casa ni en el hospital.

Entonces, ¿de qué estamos hablando aquí? De que cualquier persona, CUALQUIER PERSONA que esté en pleno uso de sus facultades mentales, tiene la libertad y el derecho a decidir sobre su salud, sobre a qué tratamientos y procedimientos quiere o no someterse, sobre qué riesgos quiere o no correr, y esa serie de libertades y derechos vienen recogidos, contemplados y, teóricamente, protegidos y garantizados en cosas tan básicas como son la Ley General de Sanidad y la Ley de Autonomía del Paciente. Leer artículo completo

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Nuestra Señora de París

Quimeras
En la entrada de mi casa hay cuatro fotos desde hace trece años, del que diría, sin duda, que fue el viaje de mi vida: mi cara junto a ‘La habitación de Arlés’ de Van Gogh, en Amsterdam; la Rue du Market, en Bruselas; mi bici en el callejón del Hostel de Passage, en Brujas; y una quimera de Notre Dame.
 
¿Sabíais que lo que normalmente llamamos gárgolas en realidad no lo son? Las gárgolas (de las que Notre Dame está llena) son unas esculturas que cumplen además una función de desagüe. Por eso tienen la boca abierta y miran hacia abajo. Estas de las fotos (fotos que yo hice en aquel viaje), de las que también está llena Notre Dame y que son puramente ornamentales, se llaman quimeras.
 
No es que sea yo muy estudiada: te lo explicaba el folleto que te daban al entrar en la catedral.
 Transparencia 200x200
Gárgolas
Gárgolas
Pasa un poco lo mismo que con la novela de Victor Hugo, que muchos piensan que es ‘El jorobado de Notre Dame’ y en realidad se titula ‘Nuestra Señora de París’ (‘Notre Dame de Paris’).
 
Creo que era lunes cuando llegué a París. Me dirigí, junto a dos chicas argentinas que había conocido en el tren, al Boullevard de la Chapelle. Camino de un hostel encontramos un hotel barato y decidimos quedarnos allí (la habitación triple nos costaría lo mismo por cabeza que el hostel, y no tendríamos que compartir baño con cuarenta personas).
 
Estaba emocionada por conocer París. Pero, sobre todo, estaba emocionada por conocer Notre Dame.
Mi error, el primer día, fue ir andando. Cuando llegué a La Citè, la catedral estaba ya cerrada. Eran las siete de la tarde, y solo pude verla por fuera. Hice fotos de TODAS Y CADA UNA de las gárgolas que se veían desde abajo. Las quimeras tendrían que esperar al día siguiente.

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¡¡Me ha tocado la cesta de GATAWEB!!

me ha tocado la cesta

¡¡ME HA TOCADO LA CESTA DE GATAWEB!!

Mi hermano recogió la cesta en Madrid y tuvo la amabilidad de traérmela hasta Gijón. En cuanto cargué las tres cajas en el maletero del coche, pletórica de entusiasmo porque nunca me toca ná, me hice un par de fotos para el grupo del whatsapp de Familia, por aquello de dar envidia. Envidia sana, eso sí, que la cesta es eco.

Así que, como digo, me tiré un par de fotos, les hice chincha rabiña a todos y me fui corriendo en coche a buscar a los niños al colegio, con toda la intención de hacerme una foto en condiciones con las cosas de la cesta al llegar a casa para mandársela a la asociación, quizá sobre la cama en plan Tío Gilito con sus billetazos. Pero recogí a los niños en el cole y les enseñé entusiasmada la cesta: las tres cajas con su contenido. Y ESE FUE MI ERROR. Leer artículo completo

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La -dichosa- baja por paternidad intransferible

cesar pelando patatas parto

Creo -estoy bastante convencida de hecho- que me voy a meter en un jardín.

El Gobierno acaba de presentar sus presupuestos, en los que incluye -entre otras muchas cosas interesantes- la equiparación del permiso por paternidad al de maternidad, pasando a ser de dieciséis semanas (bueno, de ocho ahora, de dieciséis para 2021), con carácter obligatorio e intransferible.

Llevo ya semanas leyendo innumerables artículos y viendo algunas acciones, especialmente de personas/grupos feministas, oponiéndose a esto, aludiendo a que es más necesario ampliar la baja maternal, esgrimiendo argumentos como que el cuerpo que está biológicamente preparado para atender al bebé es el de la madre y que el bebé tiene derecho a ese cuidado. Estoy total y absolutamente de acuerdo con todo. PERO…

Lo reconozco: a mí también me escamó que sacaran este permiso. Fue como “¡Joder, tío! ¡Que llevamos mil años pidiendo que se amplíe el permiso de maternidad y vais vosotros y ampliáis el de paternidad, me cago en todo!”. Entiendo la visceralidad, pero es que no tengo nada claro que la NO mejora del permiso de paternidad fuera a significar la mejora de la situación de la maternidad.

Es cierto: el permiso de maternidad es una risa, es mucho más que insuficiente. Es cierto que nuestros bebés tienen derecho a ser cuidados por sus madres durante mucho, muchísimo más de dieciséis semanas, y que ampliar el permiso de maternidad debería ser una prioridad. PERO no creo que echar abajo el nuevo permiso de paternidad sea la manera de conseguirlo. Creo que es un avance, y un avance positivo. ¿Que no es el avance que esperábamos? Es verdad. Pero es algo.

Llamadme incoherente si queréis que lo entenderé, pero hay algo que me rechina en oponerse a este nuevo permiso. Y me explico: Leer artículo completo

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Lo que aprendí en un año de ‘Motivos para ser feliz’

un año de motivos 2

Me consta que la mayoría de los que andáis por aquí me leéis desde hace tiempo, así que probablemente esto ya lo sabéis:

Hace poco más de un año, mientras mi padre estaba en el hospital, en sus últimos días, empecé a publicar #motivosparaserfeliz. No pretendía hacer una terapia, no buscaba evadirme, no tenía una intención ni un programa a largo plazo. Sencillamente una mañana, llevando a los niños al colegio antes de ir al hospital, en medio de toda la pena que me consumía aquellos días, sucedió algo. Algo sencillo, cotidiano y embriagador, que me hizo sonreír. Y pensé que solo aquello, por sí mismo, era para mí suficiente para ser feliz.

Quise fijarme en esas pequeñas cosas que me hacían sonreír a diario, en medio de la tristeza y la angustia crecientes, que se iban mezclando con la esperanza de que todo acabaría bien. Aunque algunos motivos, no podía evitarlo, se teñían de pena. Como el del café de máquina del hospital, que estaba más rico que el de la cafetería. 

Puede que, en el fondo de mi ser, supiera que el final de aquel camino estaba cerca.

El día que escribí que amanecía otra vez, fue el último día que pisamos aquel hospital, por entonces.

El primer amanecer sin mi padre, al día siguiente, él fue mi motivo para ser feliz. Simplemente, porque tuve la suerte de que fuera mi padre.

Los días siguientes me descubría siendo feliz con pequeñas cosas, que bailaban entre la intensa tristeza del momento que vivía…

Y el más absoluto de los absurdos.

Y, antes de que pudiera darme cuenta, la vida me llevó.

Para cuando quise pararme a pensar en qué estaba haciendo al escribir mis motivos para ser feliz, ya estaba enganchada. Seguía sin pretender ser una terapia, sin tener ningún propósito definido, pero no podía dejar de dedicarme ese ratito, cada día, para pensar en todas las cosas que me hacen feliz.

Quería hacer un post especial, algo así como un top ten, pero no he sido capaz. Porque un año después, repaso todos esos motivos y me doy cuenta de dos cosas: que he aprendido mucho, y que soy una persona MUY afortunada. Tampoco quiero daros la paliza con esto, es más bien como subrayar las mejores páginas de mi diario. Algo que hago porque me produce placer personal, porque sé que me gustará releerlo en el futuro tanto como me ha gustado revivirlo ahora.

Esto es lo que he aprendido: Leer artículo completo

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Yo NO SOY defensora del parto en casa

monita pariendo

No sé muy bien por dónde empezar, así que voy a empezar por algo que me sucedió hace poco:

En una conversación con alguien, esa persona me dijo (con cariño): “Además tú, que eres defensora del parto en casa”.

Este me parece un buen punto de partida: yo NO SOY defensora del parto en casa. ¿Sabéis de qué soy yo defensora? De asumir que las mujeres son  –y sé que esto es una idea revolucionaria- seres inteligentes, capaces de tomar sus propias decisiones y, además, decidir bien. Qué locura, ¿eh?

Yo no soy defensora del parto en casa, como no soy detractora del parto hospitalario. Yo soy defensora de que cada mujer es perfectamente capaz de elegir libremente, y de que esta sociedad debería favorecer las decisiones libres, sin presuponer incapacidad o enajenación, y sin intentar, constantemente, interceder en esa decisión, y mucho menos desde el miedo. Resumiendo: yo lo que defiendo es que cada mujer pueda elegir. Si es que estoy loca.

Cuando una mujer decide que quiere parir en el hospital (en realidad, tanto si lo decide como si lo hace por inercia de grupo) no pasa nada. “Ok, baby, todo correcto. Vas por el buen camino”. Pero cuando una mujer decide, no, se plantea parir en casa, se encuentra con la combinación que desde el inicio de los tiempos se opone a cualquier cosa que cuestione lo establecido: desconocimiento + prejuicios. Mortal.

Como puedo presumir (y de hecho lo hago) de tener uno de los espacios de internet, hoy día, en el que más respeto, diversidad y diálogo se puede encontrar entre las lectoras habituales (y lectores también: ¡Hola, 5%!), pues voy a aprovechar este espacio para compartir un poco de información veraz para aquellas personas que, de verdad, tengan un poco de interés en saber más sobre este tema.

Así que me lanzo: voy a contestar a los prejuicios y preguntas con los que YO me he encontrado al decidir, con dos de mis tres hijos, parir en casa. Vaya por delante que no pretendo, ni muchísimo menos, convencer a nadie de nada, pero creo (y veo) que existe MUCHA desinformación acerca del parto en casa, así que voy a exponer la información de que dispongo a través de la investigación y mi propia experiencia, por si a alguien le puede interesar.

Empiezo: Leer artículo completo

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Cosas ridículas que te pasan cuando decides PARIR EN CASA

Así, sin ningún orden particular.

  • El médico de cabecera se niega a darte una receta de vitamina k (¡vitamina k!) para el bebé porque “él no se responsabiliza de un parto en casa”.

confused wtf girl

  • En el registro se vuelven locos cuando les pides la hojita amarilla para inscribir al niño “porque eso te lo dan en el hospital cuando nace el bebé”.

Yo: Es que no voy a parir en el hospital, voy a parir en casa.

Funcionario:

wtf funcionaria

20 minutos para que viniera la supervisora a darnos el papel. Leer artículo completo

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