Relatos

Querida yo de hace cinco años (cinco exactamente)

querida yo de hace cinco años

¡Hola, maja! ¿Cómo te encuentras? Llevas ya día y medio de explosión oxitocínica, ¿verdad? ¿A que huele bien? Aún recuerdo su olor y su cremosidad. Mmm…

Ahora que lo pienso, te cojo en plena sesión de fotos, ¿no? Ya verás qué bonitas quedan. Aunque eso ya lo sabes. ¡Ah! Y tranquila por tener el tendal atravesado en la cocina, o lo alto del sofá convertido en un armario: va a quedar precioso en las fotos. Tan auténtico…

Ya ves que este año llego un poco tarde con la carta. Es que… ¿Sabes qué pasa? Que tienes a uno de tus hijos malito. Y, mira, sabes que no me gusta estropearte las sorpresas, pero tampoco puedo estar eternamente callándomelo todo, así que te voy a dar una pista: no están malitos ni Hugo ni Aine. ¡Sorpresa!

Dentro de unos meses, un día, Hugo y Aine estarán jugando en el salón, y César y tú los estaréis mirando desde el sofá, y de pronto dirás, en voz alta y sin pensar: “¿No tienes la sensación de que es como si estuviéramos incompletos, de que aquí falta alguien? Nos falta Leo…”. Pues chica, bingo. Te contaré una cosa graciosa: te vas a quedar embarazada tres días después de escribirte la carta número cuatro. Y cuando te enteres no te lo vas a creer, porque por primera vez no vas a tener ni un solo síntoma de embarazo. Pero será normal, porque en esos momentos tendrás la cabeza y el alma puestas en otro sitio. Aunque eso… Creo que eso no te lo voy a contar. No ahora. Ahora disfruta de esa niña que tienes en los brazos, y que aún huele tanto a ti.

Ha sido un parto increíble, ¿verdad? Te voy a contar un secreto: todos lo son. Sé que estás pensando que firmarías por tener dos partos como ese al año. El parto de Leo será diferente: va a ser más largo, más duro, sangriento, escatológico y, ¡joder!, va a ser precioso. Ahora sabes que un parto puede ser placentero, pero dentro de cinco años descubrirás que era verdad: se puede tener un orgasmo en pleno parto. Alucinante. Pero, con todo, fue duro. No firmabas por parir así dos veces al año, ya te lo digo yo. Eso sí: te vas a resarcir con el tema de las fotos y el vídeo, que con Aine no os ha dado tiempo pero con Leo va a sobrar. Porque tu vida es así, Jess: del parto prístino y mágico de la niña, no, las fotos las hay del otro, del parto en que explotó la bolsa durante el expulsivo y llenó de caca la pared. Así todo. Pero tranquila que para cuando llegue este momento tendrás tan abrazada tu imperfección que te dará un ataque de risa cada vez que lo pienses.

Antes de que se me olvide: cuando nazca Leonardo tendrá una erupción en la piel. Tranquila: es escandaloso pero solo es hormonal. Cuando entres en pánico, hazle caso a César. El bebé estará bien.

Tus hijos son maravillosos, Jess. Han vivido mucho, los dos, este último año, y han evolucionado de una manera que no te puedes imaginar. Hugo es tan lógico, tan pausado, tan respetuoso… Ha entendido mucho tus cambios de humor durante el embarazo y él mismo se lo ha recordado a su hermana. “Tranquila, Aine, mamá no está enfadada. Es que está irascible porque está embarazada”. Y Aine… La más arcoiris princesa y la más potente guerrera, sin cambiarse ni la ropa. Este año te pedirá hacerse los agujeros en las orejas y un día decidirá que está harta del rosa, pero no: que no cunda el pánico que no es el fin del mundo. Es solo que decidirá que “ella es más una chica de morado”. Es tan intensa… Pero eso ya lo sabes, ¿verdad? Lo supiste en cuanto nació, porque las madres sabemos esas cosas. Leonardo será el guerrero tranquilo con alma de poeta. Pero para Aine la intensidad es su marca de nacimiento. Este año, me parece, llorará más a menudo y más fuerte que nunca. Déjala que llore, por favor. De hecho, tal vez tú podrías aprender de ella a llorar. Puede que no te venga mal.

Ahora que vuelve a haber luz te lo voy a contar: se os viene encima una temporada difícil, ¿sabes? Muy, muy difícil. Va a ser una prueba muy dura. Para vosotros, como pareja, y para vosotros, como personas. Pero cuando estéis ahí, tocando fondo sin ver soluciones, y una vocecita en tu interior te susurre que aguantes un poco más, que no pierdas la fe, escúchala. POR FAVOR, escúchala. Porque nunca se sabe detrás de qué esquina puede cambiarte la vida. Y cuando empecéis a levantaros, seréis más fuertes que nunca. Como pareja, y como personas. Te voy a contar el secreto: que vuestra prioridad sea siempre ser felices. Que todas vuestras decisiones se encaminen a eso: no a tener más, sino a sentiros bien. Mientras sea así, la vida merecerá siempre la pena. Lo demás, irá llegando solo. Y cuando lo veas asomar, detrás de la siguiente esquina… No te lo vas a creer.

¡¡Ah!! Este año OTRA VEZ se te estropeó la nevera, pero tranquila: las DOS placentas están a salvo. Porque -oh, sí, baby-, ahora tienes DOS placentas en el congelador. La buena noticia es que la idea de tener una casita con jardín donde enterrarlas ya no parece tan lejana. Y otra cosa: si les dices desde el principio a los niños que si el bebé se llama Leonardo podrán llamarlo Leo, os ahorraréis cinco meses de debate.

Ainé y Hugo están en el cole, no puedo preguntarles si quieren decirte algo. Pero termino esta carta con Leo en brazos, y dice que “Ngo”.

Me despido ya, antigua Yo, que tengo que ponerme con la novela. Aunque eso, con suerte, te lo cuento el año que viene.

Felicidades, antigua Yo, y bienvenida a tu nueva vida. Aquí nos vemos, en un año.

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Querida Yo de hace cuatro años (exactamente cuatro).

Querida Yo de hace tres años (exactamente tres).

Querida Yo de hace dos años. Exactamente dos.

Querida Yo de hace un año (exactamente un año).

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