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Señores de H&M, les propongo una idea absurda:

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Señores de H&M, les propongo una idea absurda:

Imagínense su tienda dentro de, qué sé yo, veinte años. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado. Qué tontería, ¿verdad? Eso ya lo puede hacer ahora, cualquiera. Entrar y comprar lo que se le antoje.

De acuerdo, retrocedamos.

Imagínense su tienda la semana pasada. Cualquier tienda. Cualquier día. Imaginen a una madre que entra a comprar ropa con su hijo pequeño y su hija menor. Imaginen a un niño que decide que le encantan unos zapatos dorados con estrellas en el mismo pasillo en el que su madre busca botas para su hermana.

Ahora imaginen que esa madre no alberga ningún tipo de duda con respecto a comprar esos zapatos. Imaginen que no intenta disuadirlo enseñándole otros zapatos más masculinos. Imaginen que se los compra sin atisbar miedo alguno a que se metan con él en el colegio; que ni siquiera contempla que eso pueda suceder. Imaginen que ambos, madre e hijo, se van de su tienda felices con sus zapatos dorados.

Imaginen que ese niño, al día siguiente, no le dice a su madre que no quiere ponérselos para ir al colegio, porque hay demasiada gente y sus zapatos son de chica. Imaginen que esa madre no tiene que preguntarle a su hijo si es que pretende ponerse los zapatos en los genitales. Imaginen que esa madre no tiene que poner su pie desnudo junto al de su hijo para explicarle que la idea de que un zapato pueda ser de chico o de chica es ridícula, porque nuestros pies son iguales.

Imaginen que esa madre no tiene que mirar a su hijo a los ojos y preguntarle si piensa que las cosas de chica son malas. Que no tiene que cabrearse pensando que su hija puede vestir cosas de niño y ser lo más normal, pero si su hijo viste algo de niña se está exponiendo.

Imaginen que ese niño no tiene que debatirse cada mañana entre ponerse algo que le gusta o ponerse algo que no lo avergüence. Imaginen que va cada día al colegio feliz, con sus zapatos dorados. Que no vuelve a casa triste y enfadado porque una compañera le ha dicho que sus zapatos son de niña. Que esa madre no tiene que llorar de rabia porque alguien, no sabe quién, ha puesto condiciones a una libertad de la que creía que sus hijos serían dueños.

Imaginen que no pasa nada de eso, porque los zapatos dorados no estaban en la sección de niñas. Simplemente estaban en la sección de zapatos. Qué absurdo, ¿verdad?

Imagínense su tienda: cualquier día, cualquier tienda. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado.

Para nosotros, adultos del aquí y del ahora, tal vez sea tarde. Pero para ellos no. Aún podemos dejarles algo mejor. Nosotros, adultos del aquí y del ahora, podemos reinventar para ellos. Puede que ya no tengamos fuerza para reconstruirnos, pero aún podemos derribar muros. Puede que no sepamos liberarnos a nosotros mismos, pero aún podemos cortar cadenas. Y puede que dentro de, qué sé yo, veinte años, un cliente entre en su tienda y sea libre. Porque alguien ha decidido no poner condiciones a esa libertad.

Señores de H&M, les propongo una idea absurda… Dejemos de vestir niños. Dejemos de vestir niñas. Vamos a vestir personas.

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Original para Facebook. 23/09/2016 #VamosAVestirPersonas

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