Artículos

Sobre el autismo. Imagina que estás en un pasillo oscuro

Sobre el autismo

Imagina que estás en un pasillo oscuro. Al fondo, hay una puerta. En la puerta, hay una cerradura. Y por el ojo de esa cerradura, entra una intensa, brillante luz.

Tú te acercas a la puerta. Ves la luz. Temes que te queme, así que retrocedes. Pero, por alguna razón –tal vez porque en el fondo sí que quieres tocar la luz, tal vez porque en tu pasillo no hay más lugares a donde ir-, te vuelves a acercar a la puerta. Una y otra vez.

Miras la puerta. Se levanta ante ti. Firme, impertérrita. Sientes que te amenaza.  Quieres abrirla, porque sabes que al otro lado hay un mundo enorme e inmensamente bello esperándote. Pero tienes miedo. La luz es tan, tan intensa, que sabes que si abres esa puerta te cegará sin remedio.

Sabes que, en ese mundo que te espera, colores vibrantes se desdibujan sobre un lienzo etéreo, infinito, creando para ti una nueva realidad. Pero tú, que sólo conoces tu pequeño pasillo, tienes miedo. Porque tu pasillo es bueno, tu pasillo es seguro. Y, al otro lado de esa puerta, te espera una caída. Un vuelo libre a lo desconocido. Y el vértigo se apodera de ti.

Y así vives, frente a la puerta. Deseando abrirla y rendirte a la belleza que hay al otro lado. Atisbando de cuando en vez por el ojo de la cerradura. Pero inmóvil, irremediablemente, bajo la sombra de tu propio miedo a cruzar.

Sí, creo que así es como veo yo el autismo.

Aunque… Sólo por si caben dudas: eres tú quien está en el pasillo. Y ese niño, al que llaman autista, está al otro lado de la puerta.

Tal vez esperando a que te atrevas a abrirla…

Y a volar…

______

¡Gracias por compartir!
FacebookTwitterGoogle+

Comentarios