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Relatos

Querida yo de hace ocho años. Ocho exactamente.

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Me sentía bastante mal por llegar un par de días tarde a nuestra cita, hasta que leí la carta de la yo del año pasado, que te escribió dos semanas tarde. Menuda pava, no se toma nada en serio. Es un desastre. No como tú y yo, que somos…

En fin, no me digas nada. Es que no llego, de verdad que no. Estoy rebasada por todos los ángulos y antes de terminar un proyecto ya estoy metida en uno nuevo. Creo que todo empezó después de ti, ¿sabes? Siempre estoy diciendo que «cuando acabe esto ya tendré más tiempo», pero eso nunca llega porque, cuando acabo esto, pues ya tengo algo nuevo que me come. Y es una putada, porque lo disfruto mucho, pero siento que me estoy perdiendo cosas. Y no me gusta perderme lo que me estoy perdiendo. Y esto es culpa tuya, eres tú la que me reprocha desde ahí, desde esa nube de oxitocina que huele a bebé recién estrenado (pero «bebé recién estrenado» del que te gusta a ti, del que huele a sangre y caramelo, no del que huele a Nenuco) y se enfurece conmigo porque parece que estoy olvidando qué es lo más importante. DÉJAME EN PAZ, ¿VALE? Lo hago lo mejor que puedo, joder. De verdad, que lo doy todo. Pero es que no llego, hostia, y creo que no me merezco que me castigues tú también. Leer artículo completo

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Relatos

Si hoy me dijeran que tengo cáncer

si hoy me dijeran que tengo cáncer
Si hoy me dijeran que tengo cáncer, os abrazaría muy fuerte.
Os diría que os quiero, con una profundidad que supera el espacio que ocupa mi cuerpo. Y os lo diría cada día. Seguramente varias veces. Y lo pensaría cada vez que os mirara callada mientras jugáis.

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Artículos, Relatos

Personas de colores

personas de colores

A mi hija le digo siempre que en el mundo hay dos tipos de personas:

Hay personas brillantes que están hechas de colores, y que lo llenan todo de luz y magia. Como ella.

Y hay personas grises y oscuras. Leer artículo completo

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Relatos, Sin categoría

Superpoderes

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Qué razón tenía el tío Ben.
Yo tengo un calendario ‘así de la manera’ para los almuerzos de los peques, y el primer día de clase tras las vacaciones de Navidad «tocaba» (y ellos se lo esperaban) queso y espetec. Pero pensé que meterles por sorpresa un bocadillo de chocolate, que tanto les gusta a ambos, sería un bonito detalle para animarles la vuelta al cole. A veces les meto notas también, con el almuerzo, que les gustan casi tanto como el chocolate, así que les metí estas dos tonterías junto al bocadillo. Y entonces pasó algo:

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Relatos

Querida Yo de hace seis años (exactamente seis)

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Mira, antes de que se me olvide: dentro de tres días vas a darle a tu bebé su primer baño. Así, contigo, abrazaditas y tranquilas. No le eches jabón, ni siquiera ese poquito que es apenas un guisante en tu dedo, porque estropeará ese olor tan increíble que ahora tiene y que tan loca te trae. Fíjate: seis años y yo aún me arrepiento de haberlo puesto.

El año pasado llegué un par de días tarde con la carta, este año ya son cuatro. Si sigo (si seguimos) así, acabaremos por juntar dos cartas, ya lo verás. Al menos esta vez no es que nadie haya estado malito, es que no llegas, nena. Porque te cuento que entre cole, extraescolares, cumpleaños, pediatra, dentista, abogados, trabajo, casa y la promo de tu libro, esto es una locura. Por no hablar de que has retomado lecturas -más allá de Roald Dahl-, y de lo mucho que te gusta Netflix. ¡Ah! Claro, que aún no sabes lo que es Netflix. Bueno, tranquila, ya te enterarás. Leer artículo completo

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Artículos

‘Mastín y la chica del galgo’, un libro solidario imprescindible

mastin y la chica del galgo

Pues resulta que este verano lo he hecho polvo y, por primera vez desde 2010 (año en que me convertí en madre) he dedicado un verano enterito a leer lo que me ha dado la gana. Bueno, y lo que me ha dado tiempo, pero quiero decir que me he dado el placer de dedicarme tiempo para mí, para leer. La mitad de ese tiempo, lo admito, con un bebé de más de un año bien agarradito al pecho.

El resultado ha sido que me he comido tres novelas enteritas (una de ella ‘Una columna de fuego’, que lleva sus mil paginazas), y tengo otra empezada que, una vez arrancado septiembre, me está costando un poco más, porque me pasa con los libros lo que con los maratones en Netflix: que no puedo ver «un poquito» y, si solo tengo un ratito, pues acabo por no ponerme.

Total, que de las que sí que he leído os quiero hoy hablar de una en particular: Mastín y la chica del galgo, de Melisa Tuya.

Mastín y la chica del galgo melisa tuya Leer artículo completo

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Relatos

Olía a sangre y caramelo…

LEO (63)

Hola, amor mío. No tenía pensado sentarme hoy a escribir, porque tengo mucho que hacer y, además, no me gusta escribir “por obligación”. Ya sabes: fechas señaladas, eventos especiales… Esas cosas. Pero es que me apetece mucho contarte algo, así que siéntate a leer. Te voy a contar una historia:

Durante días, la casa olió a sangre.

Huele bien, ¿sabes? Es que estamos acostumbrados a que nos digan que, de alguna manera, la sangre es mala porque donde hay sangre han pasado cosas horribles, pero no es cierto. La sangre es lo que somos. Es, de hecho, lo que nos nutre y mantiene vivos. Y sí… Huele bien. Huele a vida.

Durante días, la casa olió a sangre y calor, como a galletas y a caramelo. Olía a parto. A vida recién estrenada. Después no. Después olía a leche dulce y a sudor. Era una ola de calor. Una de tantas. Ahora, escribiendo, me pregunto si cuando tú tengas edad para leer esto habrá muchas más, y se me encoge un poquito el corazón. Y sí… Olía a leche dulce y a sudor. Aún huele así. Leer artículo completo

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Relatos

Querida yo de hace cinco años (cinco exactamente)

querida yo de hace cinco años

¡Hola, maja! ¿Cómo te encuentras? Llevas ya día y medio de explosión oxitocínica, ¿verdad? ¿A que huele bien? Aún recuerdo su olor y su cremosidad. Mmm…

Ahora que lo pienso, te cojo en plena sesión de fotos, ¿no? Ya verás qué bonitas quedan. Aunque eso ya lo sabes. ¡Ah! Y tranquila por tener el tendal atravesado en la cocina, o lo alto del sofá convertido en un armario: va a quedar precioso en las fotos. Tan auténtico…

Ya ves que este año llego un poco tarde con la carta. Es que… ¿Sabes qué pasa? Que tienes a uno de tus hijos malito. Y, mira, sabes que no me gusta estropearte las sorpresas, pero tampoco puedo estar eternamente callándomelo todo, así que te voy a dar una pista: no están malitos ni Hugo ni Aine. ¡Sorpresa!

Dentro de unos meses, un día, Hugo y Aine estarán jugando en el salón, y César y tú los estaréis mirando desde el sofá, y de pronto dirás, en voz alta y sin pensar: «¿No tienes la sensación de que es como si estuviéramos incompletos, de que aquí falta alguien? Nos falta Leo…». Pues chica, bingo. Te contaré una cosa graciosa: te vas a quedar embarazada tres días después de escribirte la carta número cuatro. Y cuando te enteres no te lo vas a creer, porque por primera vez no vas a tener ni un solo síntoma de embarazo. Pero será normal, porque en esos momentos tendrás la cabeza y el alma puestas en otro sitio. Aunque eso… Creo que eso no te lo voy a contar. No ahora. Ahora disfruta de esa niña que tienes en los brazos, y que aún huele tanto a ti. Leer artículo completo

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Artículos, Relatos

Una historia de casualidades

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Hace muchos años, a finales de una primavera calurosa, en la cuadra de una casa cualquiera, en un pueblo asturiano cualquiera, una pastora mestiza, quizás un poco mastina, parió un buen puñado de cachorros de padre desconocido, aunque a juzgar por las orejas de los cachorros, debía ser algún cazador. En aquel pueblo mucha gente cazaba. El dueño de aquella cuadra, donde aquella mestiza había parido, no era cazador: era ganadero, y aquél montón de perritos aullantes eran un incordio.

Pasado un mes, y ante los probablemente atónitos ojos de la pobre mestiza recién parida, aquel hombre había conseguido deshacerse de casi todos los cachorros. Quedaba una, canija y feucha si se la comparaba con sus hermanos, que nadie había querido. No tenía pinta de ir a ser muy grande, era nerviosa, incontrolable y asustadiza. No tenía pinta de servir para nada. Y en la práctica vida de aquel paraíso rural de un monte cualquiera de Asturias, si un animal no sirve para nada, molesta. No hay más. «La gallina que no pone, para caldo antes de que sea vieja».

Un domingo (bueno, en realidad no lo sé, pero yo me lo imagino en domingo), cuando empezaba ya a notarse cómo el verano doblaba la esquina, y el sol de mediodía calentaba los caminos, un ciclista pasó levantando polvo junto a la cuadra, con la mala suerte de que una cachorra, canija y feucha, le salió al paso y el ciclista, girando el manillar para no atropellarla, cayó al suelo. La cachorra huyó llorando, lo que alertó al ganadero, que apareció, palo en mano, a darle un buen par de palos a la cachorra, «por escandalosa». El ciclista, alucinado con la escena, preguntó si le pasaba algo a aquella perra.

– ¡Que no vale pa’ na! Pero no te preocupes que luego pa’ cuando des la vuelta ya no está aquí, porque na’más termine de comer la quito de en medio.

¿Hablaba en serio? ¿Acababa aquel hombre de decirle que iba a matar a la cachorra?

La situación terminó con que, después de hablar un rato, el ciclista se llevó a aquella perra, de un mes, canija y feucha, metida en su chaqueta. No sé si la pobre mestiza tuvo ocasión de despedirse de su último bebé. Leer artículo completo

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