Etiquetado como educación
Relatos

Historia de una sandía

Sandia

Soy la mujer sentada bajo el castaño. La que ha venido con un niño y una niña. He visto algo. Siempre veo algo. Y ahora me pregunto si veré yo lo mismo que ven los demás. Y, durante un instante, he dudado. Pero la recordé a ella: a la mujer impresionante de los ojos claros. Y la duda dejó de existir.

Aquella mujer de ojos claros… Yo nunca me había ido de vacaciones con los niños. Surgió un poco sobre la marcha.

Cuando llegamos, la intención era quedarnos solo un par de días. Ahí llegué yo, sola, con mis dos churumbelitos de cinco y dos años, el coche, dos sacos de dormir y una tienda de campaña pequeña, de esas que se abren solas en dos segundos y necesitas un equipo de siete ingenieros –o dos domingueros experimentados- para volver a cerrar. Nada más.

Al día siguiente, aquella mujer, de unos cuarenta y pico, alta, preciosa, imponente, de ojos claros, que se parecía a Xena más que cualquier otra persona que yo haya conocido jamás y que dormía con su novio en la parcela de enfrente, se acercó a mí: Leer artículo completo

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Artículos

A Naiara la matamos todos

A Naiara la matamos todos crimen sabiñanigo

El otro día oí la noticia de una niña que había fallecido, supuestamente, por una caída por las escaleras, aunque los servicios sanitarios sospechaban de malos tratos.

Ayer por la tarde leí en los medios que su tío la había matado. No intencionadamente. “Se le había ido la mano” al castigar a la niña, porque no se estaba portando bien.

Decía John Lennon que vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor, mientras la violencia se practica a plena luz del día.

Podéis decir que fue su tío. Podéis ponerle un nombre al culpable, que es lo que mejor se nos da: buscar culpables. Así nuestras conciencias se limpian. Pero la realidad es que a Naiara la matamos todos. Leer artículo completo

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Eventos

Jornadas de Educación Manchaarte

manchaarte

Los próximos 25 y 26 de noviembre, Manchaarte celebra sus Jornadas de Educación en Ciudad Real y creo, personalmente, que no podían estar mejor pensadas.

Yo tendré el honor de estar presente el sábado 26 a las 12:30 de la mañana en la mesa redonda “Otra forma de educar está siendo posible“, en la que participaré como autora de los libros de El Monstruo Curioso. Leer artículo completo

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Artículos

Lo que mata es el silencio

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Duelen los insultos, los desprecios, los golpes, las heridas. Duelen las risas crueles, las burlonas y las que fingen esconderse detrás de una mano mientras la otra libera un dedo que te señala, para que te miren todos y no quepa duda de que es de ti de quien se ríen. Otra vez.

Duele preguntarse un día tras otro por qué tú, y no otro. Por qué. Qué es lo que te hace TAN diferente. Cuál es tu gran, imperdonable defecto. Qué has hecho mal. Qué daño le has hecho a quién para que la tomen así contigo. Por qué no pueden, simplemente, ignorar tu existencia, si tú sólo quieres entrar y salir y, a ser posible, no dejar de respirar en el proceso.

Duele mirarte al espejo y darte asco. Pensar que eres una persona odiosa y que te mereces todo lo que te pasa. Enfadarte con tu imagen en el espejo mientras lloras y golpeas. Sentarte en el suelo y desear desaparecer, como sea, duele.

Pero, lo que duele, no es lo que te mata. Lo que mata es el silencio.

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Libre para ser princesa

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Somos las feministas que ellos quisieron tener.

Somos las feministas que crecieron queriendo jugar al fútbol, no porque les gustara el fútbol (que quizá también), sino porque era de chicos. Que querían coleccionar cromos, jugar a las chapas o pegarse puñetazos, porque eran cosas de chicos. Y es bueno ser un chico. Es mejor ser un chico que pegar como una chica, correr como una chica o llorar como una chica.

Ser mujer no era bastante para nosotras, espíritus luchadores, inconformistas. Y no nos quisimos conformar con ser mujeres, porque no era suficiente. Ser mujer es de débiles. Y nosotras, feministas, éramos fuertes como ellos.

Somos las feministas que quisieron ser iguales que ellos. Que quisieron ser igual de grandes, fuertes, influyentes, poderosas y respetadas que ellos. Que quisieron ser como ellos. Las que, para ser iguales que ellos, se convirtieron en ellos.

Tan iguales quisimos ser, que olvidamos ser nosotras. Leer artículo completo

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Las buenas madres NO DAN TETA

Las buenas madres no dan teta

Compartí hace poco un post sobre “esos niños que NO NECESITAN teta”. Para resumir, sobre la lactancia materna, de esa que dura incluso cuando el niño ya tiene dientes, come otras cosas, camina, corre y es capaz de venir a pedírtela a gritos. De esa lactancia que va más allá del año, o de los dos, o de los cinco o los que sean, y que al grueso del mundo le parece algo grotesco y censurable. De esa lactancia que yo practico con mis dos hijos, mal llamada “prolongada”.

Y cuando comparto algo así soy plenamente consciente de que me traerá muchos dislikes, bastante polémica y algún enemigo. ¿Por qué lo comparto, entonces? Porque algunas cosas alguien tiene que decirlas en voz alta. Cuanto más alta mejor. Y hace tiempo que, además de no dejarme comer por lo políticamente correcto, intento obviar lo popularmente apropiado. Aunque lo pague con popularidad.

Se suele levantar un debate, con estas cosas, sobre cuál es la mejor opción, sobre qué pasa con esas madres que no quieren o no pueden dar pecho, con las que lo han dado poco, con las que estivilizan, las que llevan siempre en brazos, las que paren en casa o las que programan una cesárea, todas sintiéndonos buenas. Todas sintiéndonos malas.

Y no.

Lo siento, pero las buenas madres no dan teta. Las buenas madres no dan biberón, ni colechan, ni estivilizan, ni paren en casa, ni programan cesáreas, ni hacen lo que les mandan ni nadan contra corriente.

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Artículos

Ni frío, ni calor. (La que habéis liao, antitaurinos)

antitaurinos

 

 

Cómo son las madres, que siempre tienen ahí guardada una pregunta cargadita de mala leche, por si se acaba el tema de conversación.

Pues mi madre ayer esperó al momento perfecto y me preguntó, como quien pregunta la hora, “¿Has visto la que han liado los antitaurinos?”

Y yo hice un repaso mental express por toda la información acumulada en mi cabeza de los últimos días… ¿Manifestaciones? No. ¿Asaltos a plazas? Tampoco. ¿Agresiones? No, nada. Y entonces cruzan por mi mente en -horripilante- desfile las cadenas de televisión que ve mi madre, y los periódicos que salen en esas cadenas como incuestionables… Ay.
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