Etiquetado como humor
Artículos, Relatos

CONVERSACIÓN ENTRE MIS ÓRGANOS: ¿Qué cenamos hoy?

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Estómago: Tengo hambre. ¿Cenamos ya?

Cerebro: Sólo son las 9.

Estómago: Pero es que yo tengo hambre.

Núcleo supraquiasmático: Yo creo que hoy nos acostamos temprano…

Cerebro: Bueno, entre que preparamos y tal nos dan y media… Ok. ¿Qué te apetece?

Estómago: Chocolate.

Páncreas: Hace una hora que te comiste un donut. No doy abasto.

Estómago: Chocolate.

Páncreas: Que no me toques los cojones.

Estómago: Chocolate.

Cerebro: No podemos cenar chocolate. Algo sano.

Estómago: Ensalada.

Cerebro: Ok.

Estómago: Con chocolate.

Páncreas: ¡Tus muertos!

Cerebro: ¡Que no!

Estómago: No estáis contentos con nada.

Cerebro: A ver qué hay en la nevera.

Intestino: Algo ligero, por favor, que tengo atasco.

Nariz: ¿Qué es lo que huele?

Cerebro: El cabrales.

Nariz: No, no. Queso no es. ¿Es carne?

Ojos: Vemos pollo. Parece rancio.

Cerebro: Es una trasera de pollo. Está a punto de ponerse malo. ¿Lo hacemos al horno?

Intestino: ¡Eh! ¡Los experimentos con gaseosa!

Estómago: ¿Al horno? ¡Pero yo quiero comer ya!

Cerebro: A tomar pol culo. Vamos a hacer el pollo. Leer artículo completo

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¡Uga, uga!

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Pues es que si no le doy un garrotazo en la cabeza ya me dirás cómo me la llevo.

Pues es que si no la arrastro de los pelos ya me dirás cómo la meto en la caverna.

Pues es que si no la obligo a ver si no cómo la monto.

Pues es que si no quiere que la tomen por puta que no se vista de colores. Leer artículo completo

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La Ley de Conservación de los Lego

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He descubierto, un poco de casualidad, una nueva Ley Física que me gustaría compartir con todos vosotros, porque creo que podría ayudaros a tener consciencia y aceptar que hay cosas que escapan a nuestro control y, por ende, quizá mejorar un poco vuestra calidad de vida.

Durante estas navidades, en las horas de juego (y de descanso) con mis hijos he tenido la oportunidad de observar un fenómeno que, aunque venía sospechando desde hacía tiempo, nunca había estudiado con detenimiento y que ahora me ha permitido desarrollar una hipótesis:

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Obedece o muere

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Lo más difícil de escribir este post ha sido ponerle el título. Porque el título más honesto es también despiadado. Pero si para algo hemos de escribir, que sea para ser honestas. Porque así, tal cual: despiadado y triste ha sido el final de Amaresh.

Alguien una vez decidió qué era lo normal y qué no. Cómo de delgada debes estar, qué debes comer, a qué edad debes ser madre, cuánto tiempo tienes que amamantar… Una lista de reglas e instrucciones convertidas en corsé para tu cuerpo y tu mente. Y desde que esa lista existe, si no cumples, si no obedeces, cualquier cosa que te pase será tu culpa. La base de todo lo malo que te ocurra, radicará en tu diferencia.

Os voy a hablar de Amaresh. Una chica de veinticuatro años que pesaba 125 kilos.

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#yosoyunamwlf

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He leído por ahí un artículo sobre lo feos y deprimentes que son los pechos caídos. Ay, que asquete, sí. Tetas que cumplen años y cambian a la vez que sus dueñas. Habrase visto. Malditas insolentes…

El artículo planteaba dos problemas: la edad y la maternidad, los dos aliados de los pechos caídos. Son inevitables (al menos cumplir años, y no es que sea inevitable, sino que parece mejor que la alternativa). Pero seguro que se puede hacer algo para borrar el rastro de ambas, edad y maternidad. Porque ya sabéis que, gracias a American Pie, la mujer moderna tiene un gran objetivo: ser una MILF. Una “Mom I’d Like to Fuck” (aunque poco tiene que ver lo que ahora se llama MILF con lo que representaba la madre de Steve Stifler). En español, una MQMF, una “Madre Que Me Follaría”), atractiva y apetecible incluso para los más jóvenes. Y digo yo…

Pero vamos a ver, chiquitín, ¿quién te ha dicho a ti que a mí me interesa que me quieras to fuck? ¿Quién carajo eres tú y por qué crees que necesito tu aprobación, pequeño machistillo? ¿Sabes qué? Yo no soy una MILF, yo soy una MWLF. Y te voy a explicar la diferencia:

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13 Poderosas razones para cerrar tu cuenta de Facebook

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La era de la comunicación digital es maravillosa. Ofrece oportunidades que antes no podíamos ni imaginar. Sin ir más lejos, las paranoias mentales de una cualquiera, como puedo ser yo misma, que hace veinte años nunca habrían salido del cajón donde escondía mi diario, ahora son compartidas cientos (¡o miles!) de veces a través de la red. Un mundo, un universo, infinitas cuerdas de posibilidades que se abren ante todos y cada uno de nosotros, a diario. Para dar y recibir. Para absorber y regalar. Bendita magia de internet. Bendita y maravillosa tecnología que nos regala tanto cada día… Hasta que ves a tu mejor amigo publicando una absoluta gilipollez en su muro, y dices “Pfffffff… No vuelvo a mirar el Facebook”. Y tienes toda la razón. Y la volverás a tener mañana, y al otro. Un zasca tras otro. Por eso, hoy presentamos…

13 PODEROSÍSIMAS RAZONES PARA CERRAR TU CUENTA DE FACEBOOK (porque diez eran pocas).

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Pareces gilipollas: las tonterías que hacemos cuando empezamos a salir con alguien.

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Cuenta la leyenda que, cuando llevas mucho tiempo saliendo con alguien, en la intimidad de la pareja existen las guerras de pedos, e incluso os podéis hasta reír de ello. Pero desde la primera cita hasta los eructos con dedicatoria hay un camino a recorrer, y en los inicios nadie se libra de hacer auténticas TONTERÍAS para no espantar al folloligue.

Yo la otra noche acababa de dormir a mi peque y estaba respirando despacito para no despertarlo, y me vino como un flashback un repaso mental de todo lo que hacía cuando empecé a salir con mi chico. Y sí: parecía gilipollas. Lo hablé con el equipo de Loversizers y sí: TODOS parecemos gilipollas. Seguro que tú también. Y si no a ver cuántas de estas no has hecho:

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Lo voy a decir así: os podéis ir a la mierda

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Sabéis que yo soy muy de escribir despacito y emotivo. De querer tirarme a por el lado tierno de las cosas y buscar, a veces, la lágrima. De mayor quiero ser sabia. Y quería escribir así sobre ese sentimiento que, creo, a todos nos toca procesar alguna vez: esa sensación de decepción con el género humano.

Ya sabéis: todos –creo- tenemos algunas personas a nuestro alrededor que no nos aportan, realmente, nada positivo. Que son como ese lado oscuro de la fuerza que siempre anda dando por el saco, pero sin espadas molonas. Así que me planteé hacer un escrito pausado, meditado, invitando a la reflexión… Pero luego he pensado “¡BAH! A la mierda. Vamos a echar bilis.”

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Querido Diario:

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Querido diario:

Hoy he intentado ir a cagar otra vez. El bebé dormía y el niño veía dibujos hipnotizado, así que cuando me vino el apretón pensé “Por fin! Esta es la mía.” y me fui corriendo al baño.
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CINCO cosas que no he vuelto a decir desde que tengo hijos.

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No os descubro nada nuevo si os digo que la maternidad (y la paternidad) le pega un giro radical a tu existencia. Que todo en tu vida, por un tiempo indefinido, se pone del revés. Y cuando hablamos de todo es todo. No sólo cambian tus prioridades vitales, sino que también –y no menos importante- las pequeñas cosas que día a día conforman eso que llamas “tu vida”. Poco a poco vas incorporando cosas, no sólo a tu quehacer, sino también a tu vocabulario (que eso bien daría para otro post). Cuando te quieres dar cuenta estás largando por esa boca más frases de madre que tu propia madre, quién te lo iba a decir.

Seguro que a todos se nos ocurren varios ejemplos de ello, pero hay otro cambio más sutil, casi invisible, que también está ahí. Y que a mí el otro día, cuando intentaba hacer zapping espatarrada en el sofá, me estalló en la cara. Estalló en forma de chorro de agua salido de una pistola de la puñetera Patrulla Canina: LAS COSAS QUE YA NO DIGO desde que tengo hijos. Y que, por supuesto, antes daba por sentadas.

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