Etiquetado como jessica gomez
Relatos

Estrellas de nieve

Estrelles de ñeve

Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña. Estoy fascinada. No puedo dejar de mirar al otro lado del cristal. ¡Nieve! Por las aceras, entre los coches, sobre la playa nieve. Ante mis ojos, nieve. Frente al mar abierto, en el aire oscuro, nieve.

Que tendrá la nieve, que el chocolate es más chocolate cuando hay nieve. Que el café es más café, que el calor es más calor. Que la vida se recoge y nos cabe entera bajo una manta.

Nieve. Lamiendo la primavera. Nieve.

Mis hijos terminan la merienda y se levantan para ir a jugar, pero detengo a mi hija. Tiene azúcar en el pelo, y toda la cara llena de chocolate. La cara toda. Incluso sobre una ceja tiene chocolate.

– Ven, que te limpio.

– No, mamá, me limpio yo. – Me dice, mientras se pone de puntillas para alcanzar una servilleta.

Yo la miro. Ella se limpia.

– Pues ven, que te quito el azúcar del pelo.

– Mamá, ¿a que cuando me baño me llega el pelo hasta el culo? – Me dice, mientras le voy quitando el azúcar de cada pelo, como deshebrando azafrán.

Yo asiento. Ella se va.

Qué largo tiene ya el pelo. Hace nada sus rizos se revolvían tras sus orejas desnudas. Esos días, cuando aun de puntillas no alcanzaba al interruptor de la luz. Y ahora tengo ahí a una mujer chiquitita, que se limpia, que se peina, que decide y es feliz. Que va a jugar con su hermano, un hombre pequeñín que se quiere, se conoce, que respeta.

Qué rápido pasa todo.

Qué breve que es el tiempo. Leer artículo completo

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Relatos

Vivir en el NO

zapatos

Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña. Hoy necesitaba mucho este rato de desconexión, de aparcar mi mundo de adulta ahí fuera y meterme aquí, donde entera yo me repliego en un café. Donde, si respiras hondo y te concentras en oler las voces, puedes llegar a olvidar todo lo demás.

Así que eso hago: voy ralentizando, con plena consciencia, mi respiración. Más despacio, más profundo. Aspiro el café. Más despacio, más profundo. Escucho las voces. Más despacio, más profundo. Pierdo la vista. Más despacio, más profundo. He llegado. Me quedo aquí, en este remanso de paz, en el que solo respiro, escucho y veo.

Huele bien. A café recién molido, a crema caliente, a lluvia en los paraguas… Y a niños. Huelen a tierra, azúcar y pinturas de colores. Si la alegría tuviera un olor, sería el de los niños. Se escuchan risas. Se escucha algún desencuentro y juraría que un abrazo. Uno de esos largos, que dejan babas. Creo que he escuchado las babas, también. Y de pronto escucho un grito, fuerte, furioso: Leer artículo completo

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Artículos

Feliz Día del Gato: desmontando la toxoplasmosis

Gatos y bebes firma

La buena noticia es que en el tercer embarazo tu entorno ya se tiene bien aprendida la lección: si a alguien se le ocurre preguntar “qué voy a hacer con el gato”, corre el riesgo de perder un ojo de un mordisco. Y ya está.

Hoy, 20 de febrero, me he enterado de que es el Día Internacional del Gato gracias al blog de Melisa Tuya, que propone un trivial para desmontar mitos sobre los gatos. Y a mí de todos, y conste que todos son igual de molestos, dañinos y contraproducentes, el que más me toca la fibra es el de la toxoplasmosis y el embarazo. Será porque produce dolorosas e innecesarias separaciones y abandonos. Dolorosas para los gatos, desde luego, y muchas veces para sus familias también, que actúan desde el desconocimiento.

Os puedo contar, como experiencia personal, que cuando adoptamos a Gatalina (nuestra gata) yo estaba embarazada de mi hijo mayor, no siendo inmune a toxoplasma, y ella justo tuvo toxoplasmosis, que es el único momento en que un gato te la podría contagiar: cuando la está pasando por primera vez. ¿Y pasó algo? Nada. De hecho, estoy en el tercer embarazo y sigo sin ser inmune. Y eso que yo las manzanas me las limpio en la camiseta.

No pasó nada porque, ante la alarma de todo el puñetero mundo y los consejos de que me deshiciera de la gata de forma inmediata, decidí buscar información.

Gatalina, dos días antes de nacer mi primer hijo, en 2010
Gatalina, dos días antes de nacer mi primer hijo, en 2010

Cuando descubrí la realidad que contrastaba con absolutamente todos los mensajes que me llegaban del entorno, la gata, obviamente, se quedó en casa. Y con nosotros sigue. Fue la primera vez que descubrí, ¡oh, sorpresa! que en maternidad no todo está descubierto, que “lo que sabe todo el mundo” no siempre es lo correcto, ergo todo, todo, puede ser cuestionable y, además, ha de ser cuestionado.

Por todo esto, he decidido recuperar un artículo que escribí para Háblame Bajito ya por 2011 (y que reedité en 2012), para aportar un poquito de información, que por sobrar no sobra nunca. Siento no tener tiempo de retocarlo (que seguro que se puede). Os lo dejo tal cual: Leer artículo completo

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Relatos

Mamá que brilla, brilla

mama que brilla brilla 90ppp

Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña. Aunque hoy de buena gana habría venido sola… Es así: a veces es difícil. A veces no estoy como quiero estar, y tengo que conformarme con estar como estoy a veces. A veces no soy quien quiero ser, y tengo que conformarme con ser quien soy a veces.

Y hoy vengo así, como enfadada. Algo me supera aunque no sé qué. Creo –estoy casi segura, en realidad- que no es por lo que hacen: es porque no hacen lo que yo espero. Y pierdo la paciencia y aparece esa otra yo: la que quiere venir a pasar la tarde a un lugar amigo de los niños, sin niños.

Al menos, mientras ellos juegan, yo puedo quedarme aquí, sola, proyectando mi rabia sobre la espuma, que se ha quedado todo el azúcar y ahora el café sabe amargo. Puto capuccino de mierda.

Miro alrededor y reparo en una mujer joven, embarazada, sentada sola al otro lado del local y que, de vez en cuando, mira a la zona de niños y sonríe. No parece buscar a nadie, parece estar simplemente disfrutando del aire infantil. Apostaría a que está imaginando a su propio bebé, jugando ahí. Tiene ese aire… Ese brillo de la madre a punto de traer vida. Ese halo mágico que la envuelve y que seguro haría crecer las flores después de pasar Atila. Esa luz.

Recuerdo que yo era así, antes de que naciera mi primer hijo. Recuerdo que tenía esa luz que me elevaba por encima de este gris suelo mundano, esa luz que me teñía el horizonte de colores. ¡Ay! Si pudiera hablar con aquella yo que brillaba… Si pudiera hablar contigo, mamá solitaria que brilla… Leer artículo completo

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“Mamá, ¿cómo se hacen los bebés?”

como se hacen los bebes iluminado

Reconozco estar un poco abrumada con la respuesta que ha tenido esta “tontería” en las redes, tanto en facebook como en instagram, que publiqué dentro de mi serie de #motivosparaserfeliz (serie que empecé a modo de ejercicio mental cuando mi padre estaba en el hospital).

Era solo una publicación más, pero mucha gente, en comentarios y mensajes privados, me ha sugerido/pedido que cuente cómo se lo expliqué, cómo respondí, a mi hija de cuatro años, a la pregunta de “cómo se hacen los bebés”.

No imaginé que pudiera ser de interés algo así, ni sé muy bien qué puede tener de especial verme a mí explicar algo, pero si puede serle de utilidad a alguien que no sepa cómo abordarlo, pues por qué no 🙂 Además, fue una conversación divertida ^_^´

Y también es cierto que hace tiempo que me ronda la cabeza la idea de hacer algunos post bajo la etiqueta Explicado a los niños, porque me he dado cuenta de que, a menudo, consigo explicarles conceptos (casi siempre bloc mediante) como el capitalismo, el consumo responsable, el machismo, la guerra, la identidad de género y otros que, a priori, no parecen fáciles… Así que me he animado y ¡venga! ¿Por qué no?

Os contaré la escena. Coged palomitas, que empieza la peli: Leer artículo completo

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Tú también vas a tener… CUERPO DE SEÑORA

Cuerpo de señora

A mí me parece que todos tenemos una idea clara de lo que es un cuerpo de señora. De señora normal, vaya, como puede ser tu madre, o la mía, o la abuela de cualquiera. Pues ese cuerpo, oiga, no aparece de repente.

Una no se acuesta un día siendo un pibón y se despierta a la mañana siguiente con el ombligo entre las tetas y la bolsa del Carrefour en la cabeza, por si llueve. Conseguir un cuerpo de señora es un proceso lento y paulatino, que empieza, probablemente, el mismísimo día que te encuentras la primera cana.

Tú no te acuestas un día con una melena negra como el ojal de un orco y amaneces con un mocho de fregar en la cabeza. Te aparecerán, una a una, como las antenas de Casimiro. Y aunque tú intentes seguir pareciendo afable y lozana, empezarás a dar repelús. Como Casimiro.

casimiro

Y la papada… ¡Ja! A ver si te crees que un día te vas a la cama con el perfil de una figurita de cristal soplado y te levantas convertida en pelícano. No, maja, no. Tú un día vas a mirarte las ojeras al espejo, como todas las mañanas, y te ves ahí una marca justo detrás de la barbilla que antes no estaba. Y piensas “Bah! Habré engordado un poco. Leer artículo completo

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Relatos

Su voz interior: “Sobre mi cuerpo decido yo”

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Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña.

Hoy traigo el pecho hinchado de orgullo. Mi hija está emocionada, porque se acaba de hacer los agujeros en las orejas. Está en la zona de juego, enseñándole sus orejas a todo el mundo, que ahora lucen dos minúsculas bolitas rosas. Ha sido su decisión. Suya, y de nadie más.

Me preguntaron mucho, cuando nació, cómo es que no le iba a poner los pendientes. ¿Cómo se sabría, entonces, que era una niña? Y me preguntaba yo… “¿Y qué necesidad hay de saber que es una niña?”. Tampoco llegué nunca a comprender, lo confieso, por qué estas cuestiones me las hacían a mí, y no a su padre. Es decir, por qué no cuestionaban a su padre: solo a mí.

No le quisimos perforar las orejas. Nunca entendí que yo pudiera decidir por ella. Ya sé que es algo “inocente”, que es una cuestión “cultural”, pero es una tradición que me enciende algo por dentro. Es la primera decisión que tomamos por ellas, y lo hacemos solo porque son mujeres. Esta primera marca, puramente cultural, sin darles opción a negarse, es tal vez la primera impronta que dejamos en ellas de que otros pueden decidir sobre sus cuerpos.

Yo no pude. Y ya no entro al tema del dolor, que se dice siempre que “de bebés no les duele”, aunque parece demostrado que sí. Es que no puedo. No puedo agredir la integridad de otra persona. Menos aún de uno de mis hijos.

Como padres cometemos muchos errores. No aspiramos a ser perfectos, pero nos exigimos ser coherentes. Y yo tenía claro que quería que mi hija aprendiera, lo antes posible, que solo ella es su propia dueña. Que nadie, nunca, salvo ella misma puede decidir sobre su cuerpo. De hecho, es algo que también le he enseñado siempre a mi hijo. Pero, claro, con él no me vi en la tesitura de tener que decidir sobre unos pendientes, porque él nació varón. Leer artículo completo

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Relatos

Y qué pasa si te rindes

derecho a rendirse

Soy la mujer sentada bajo el castaño. La que ha venido con un niño y una niña. Hoy, camino hacia aquí, yo he abordado el último tramo con tranquilidad, pero los niños lo han galopado e, inevitablemente, se ha dado una circunstancia que siempre me apena un poco: han echado una carrera. E, ineludiblemente también, se ha dado el resultado de siempre, que también me apena un poco: la pequeña ha perdido. No es que no se le dé bien correr: sencillamente, tiene las piernecitas más cortas, y avanza menos veloz que su hermano. Pero veloz, como solo puede serlo una niña que corre hacia el parque.

Nos acomodamos. Yo en mi banco, con mi libro sobre las rodillas, esperando intuir el mejor momento para abrirlo; mis hijos a saltos entre los columpios y la hierba frente a mí. Ya empieza a apreciarse el tapiz del otoño sobre el suelo, antes verde. Se han traído la competición hasta aquí, y otro niño se les une. A ver quién trepa más alto esa pared. A ver quién se lanza más rápido por el tobogán. A ver quién da antes una vuelta completa. Mi niña pierde, vez tras vez. Pero ella sigue riendo, sigue jugando, sigue intentándolo y sigue disfrutando. Y yo me admiro en su capacidad para disfrutar, para persistir, para superarse. Leer artículo completo

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Querida yo de hace cuatro años (exactamente cuatro)

querida yo de hace cuatro años 2

Querida yo de hace cuatro años (exactamente cuatro):

Si este año esperas una bonita carta, lo siento, pero creo que hoy no estoy de humor. Este último mes ha sido una locura y el cumpleaños de Aine ha llegado antes de lo que esperaba. Pero en fin, no te preocupes ahora por eso. Ya te tocará. Ahora relájate, que esta noche será intensa.

Llevaba tiempo pensando en qué contarte este año. Sabes que no me gusta estropearte las sorpresas… Así que pensaba hablarte de algo que has aprendido y madurado  mucho estos últimos meses: has aprendido a despedirte. Y es fantástico, Jess. Qué liberación. Leer artículo completo

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Querida señora de la hamaca de rayas

Querida señora de la hamaca de rayas

 

QUERIDA SEÑORA DE LA HAMACA DE RAYAS:

 

Soy la mujer de la toalla de al lado.

La que ha venido con un niño y una niña.

¿Sabe? Llevo todo el verano

fijándome en usted.

 

Aquí, donde todo el mundo va y viene,

corriendo y saltando,

sin pararse, casi nunca,

a mirar al de al lado;

donde las personas nos convertimos en manchas

de colores sobre las olas y el prado,

usted es la mirada tranquila

que nos contempla a todos

desde un lugar privilegiado.

No desde su hamaca, no:

desde sus años.

Desde la sabiduría

que sólo una vida entera

puede llegar a tejer.

 

Sé que nos ha visto,

porque la he visto mirarnos.

La vi mirar con ternura a mi hijo

cuando rescató a un escarabajo.

La vi mirar con curiosidad

al niño que no estaba jugando,

y con pena a la chica del bañador aquel.

Un día que hizo bastante frío,

no pude no ver su sitio vacío

y, aunque le parezca extraño, la añoré.

Supongo que porque llevo todo el verano

imaginándonos a ambas

observando mano a mano,

y preguntándome cómo será la playa

vista a través de sus años.

A través de sus arrugas y las manchas de su piel. Leer artículo completo

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