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Infertilidad. Si lloras, pierdes

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Hace ya tiempo, e inspirada por la historia de mi hermano y su mujer, escribí un pequeño texto titulado “Las otras madres“. Poco después, Helena, presidenta de la Asociación Red Nacional de Infértiles, me preguntó si podía compartirlo en su página web. Así fue como nos conocimos.

En esta semana de locura que llevo, de organizar viajes y cargar ovejas de aquí para allá, puente de mayo mediante, recibo un mensaje de Helena que veo desde el móvil: “Hola, Jessica. Hemos hecho un vídeo…”. Y pienso “luego lo veo con calma en el ordenador”. Y la calma ha sido que ha pasado una semana…

Así que llego yo hoy toda inocente al ordenador, me acuerdo de Helena, me voy al mensaje y localizo el título del vídeo: LA INFERTILIDAD DETUVO MI VIDA. Le doy al play… Hacía mucho, MUCHO, que no me emocionaba de esta manera. Qué manera de llorar. Estaba intentando escribir a Helena para decirle cuánto me había gustado y no era capaz, no podía dejar de llorar sobre el teclado.

No tengo palabras para describirlo. Así que mejor os lo dejo. Si lloras, pierdes: Leer artículo completo

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Los hospitales que no amaban a las mujeres (pero adoraban a los pulpitos)

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ADVERTENCIA: para escribir esto se ha usado más bilis que tinta.

Hace algunos años, en un país lejano, surgió la idea de tejer unos pequeños pulpos para acompañar a los bebés prematuros. Dicen que los bebés agarran con sus manitas los pequeños tentáculos de los pulpitos y les recuerda al cordón umbilical, y que esto los tranquiliza ya que lo asocian al útero materno.

Antes de empezar, haré un disclaimer: este artículo no va sobre los pulpitos solidarios. De ellos ya han hablado y mucho. Y tampoco pretende ser un ataque contra el personal sanitario general. Este artículo va sobre los hospitales. Sobre personal anquilosado en los años setenta tomando las decisiones importantes y sobre protocolos de mierda.

Pocas veces tengo ocasión de pararme a tomar un café tranquila por las mañanas y leer el periódico. Pero la casualidad quiso que hace poco, en una de esas ocasiones, el periódico local trajera precisamente ese día, en la página nueve (en media página nueve), la noticia de que el hospital de mi ciudad había recibido “sus primeros pulpitos de ganchillo para neonatos”.

Esa sensación de que se te para el corazón y la sangre se te congela y se te eriza hasta el último vello. Algo así como si vieras salir en la tele hablando sobre derechos humanos al abusón que te pegaba todos los días en el recreo.

CÍNICOS.

Era como cuando presencias una escena horrible y no puedes apartar la vista: yo no podía dejar de leer la noticia, y conforme leía el pulso volvía a acelerarse y algo se me encendió dentro. Algo que me revolvía el aire en el estómago y me lo subía a la garganta convertido en náusea. Leer artículo completo

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¡Ay! Samanta…

Aine flor Ay Samanta

El otro día estaba hablando con una amiga, una de estas conversaciones banales del día a día, y me pregunta de pronto “Oye, ¿has leído lo de Samanta Villar?”. Y me reí. “¡Claro! Como para no leerlo, si está en todas partes”. “¿Y cómo es que no has escrito nada sobre ello?”. “¿Y por qué iba yo a escribir sobre esto?”.

Sé que ha sido un tema puntero y que ha sido muy trending estos días poner a parir a Samanta. Y, además, su sentir es totalmente contrario al mío, así que sí, bien podría haber escrito una buena parrafada. Pero a: en líneas generales, va contra mis principios atacar el sentir de otra madre y b: yo no sé escribir si no es de manera honesta. Y es que no, no podía escribir en contra de otra madre por declarar que está cansada, que antes era más feliz o que ha perdido calidad de vida. Ni siquiera por escribir un libro sobre ello, que es lo que se extrae de todos estos dimes y diretes de estos días. Porque si esa es su verdad, pues qué menos que tener derecho a expresarla, aunque sea feo. Los tabúes, ya sabéis, alimentan monstruos.

Tenía claro que no escribiría sobre este tema, hasta que me encontré con una declaración en una entrevista a Teleprogramas en la que le hicieron la pregunta clave: “¿Cómo has tenido tiempo de escribir el libro?” y respondió Samanta “Porque lo dejé preparado antes del parto”. Bueno, bueno, ¡el acabose! ¿Cómo se puede ser tan mezquina? ¿Sólo porque sabía que la polémica vendería escribió un libro sobre lo malo que es ser madre ANTES de ser madre? “¡En cuanto llegue a casa me pongo a escribir!”, pensé. Pero en esto que mientras llegas a casa y no vas dándole vueltas a la cabeza, porque entre toda esta vorágine de críticas y escándalo parece que hay algo que no encaja. Así que llego a casa y me pongo a indagar un poquitín, y… Ah, vale. Esto ya me encaja más: Leer artículo completo

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Relatos

ESOS higos…

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Había higueras en el patio de mi colegio…

Puede que un niño “no sepa muchas cosas” pero, las cosas que un niño sabe, son verdades absolutas. Incuestionables. Yo sabía que a mi madre le gustaban los higos. Así que en cuanto los sanjuaninos empezaban a asomar, ahí iba yo: apañando higos por el patio, de árbol en árbol, recogiéndolos en mi mandilón para llevárselos a mi madre.

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Relatos

Por si mañana no estoy…

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Hijo, ¿sabes qué es el amor?

El amor es energía, cariño. Igual que la luz. La luz existe siempre, incluso cuando está apagada. Incluso cuando estamos a oscuras, la luz sigue existiendo en el universo.

El amor es igual.

Y mamá te quiere tanto, hijo, es tan, tan grande el amor que mamá siente por ti, que todo ese amor está en todas partes y llena el universo entero. Mira, si estiras así los brazos y los llevas hacia ti, puedes recogerlo en el aire y abrazarte con el amor de mamá.

El amor de mamá es como la luz, hijo: existe siempre. Siempre está ahí. Incluso cuando no me puedes ver.

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Original para Facebook. 08/01/2016

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Intimidad

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El otro día una amiga compartió un post (no por estar de acuerdo con su contenido, por cierto) que daba la opinión –personal, intransferible y presuntamente válida- de una reciente madre que contaba orgullosa cómo su bebé de tres meses ya lleva un mes durmiendo solo en su habitación. “Como un campeón”, decía.

A mí, vaya por delante, me parece que lo que ha de primar en cada familia es que los padres hagan aquello que sienten que es lo mejor. Y creo que todos deberíamos tener, constitucionalmente, el derecho inalienable de que nos dejen maternar y paternar en paz. Por ende me importa, básicamente, lo que tres cucumis lo que haga esta chica en su hogar.

Pero ¡joder! A mí de toda la vida me han gustado los morenos (mi rubísimo marido tiene constancia de ello, por cierto). Y para yo contar cuánto me gusta el pelo negro no me voy cagando en tó lo rubio de la gente. No sé si me explico.

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Eventos

II Feria del Embarazo y la Crianza ACTIMAMI & Friends

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Los próximos días 4 y 5 de noviembre, ACTIMAMI organiza en Oviedo su II Feria del Embarazo y la Crianza ACTIMAMI & Friends.

Siguiendo con la línea del año pasado, Tere, fundadora y gerente de Actimami, organiza una feria llena de eventos, ponencias y actividades, donde el hilo que lo ligará todo será un market de maternidad y crianza con los productos más a la última, innovadores y ecológicos.

El año pasado, tuve el honor de estar presente en el mercadillo con el stand del que hasta hace muy poquito era mi comercio, Háblame Bajito, que este año repetirá pero ya a manos de Sonia, su nueva encargada.

Pero este año no me lo voy a perder, y estaré presente de nuevo… ¡Esta vez en la mesa redonda de bloggers!

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Relatos

Hijas de Lilith. Así nació mi reina de las hadas

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Hija, aprenderás muchas cosas con el tiempo. Aprenderás que el cielo está arriba y el suelo abajo. Aprenderás que las estrellas están mucho más lejos que la luna y que la vaca –pobre vaca-, al final, no puede saltar sobre ella. Aprenderás a caminar y a dejar que tus pasos te lleven lejos. Espero que también aprendas a dejar que sean tus deseos, y los de nadie más, los que guíen esos pasos. Y un día aprenderás, también, que tu madre es profundamente imperfecta. Que quiero estar mona, pero odio maquillarme. Que me encanta leer, pero nunca tengo tiempo. Que las canas, en realidad, no me quedan tan elegantes como creo. Que soy desordenada y caótica. Y que siempre tengo un “lo hago mañana sin falta” entre manos. Pero el relato de cómo llegaste al mundo, mi amor, ahora que faltan poquito más de veinticuatro horas para llegar a tu primer mes de vida entre mis brazos, ya no puede esperar otro mañana más. Lo compartiré con quien quiera leerlo… Pero te lo escribo a ti:

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