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Relatos

Si hoy me dijeran que tengo cáncer

si hoy me dijeran que tengo cáncer
Si hoy me dijeran que tengo cáncer, os abrazaría muy fuerte.
Os diría que os quiero, con una profundidad que supera el espacio que ocupa mi cuerpo. Y os lo diría cada día. Seguramente varias veces. Y lo pensaría cada vez que os mirara callada mientras jugáis.

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Relatos

Váyase usté a la mierda

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Se viene desahogo tocho.

Y desahogo aquí porque o desahogo en alguna parte o empezaré a gritarle a la gente a la cara por la calle. Que, por otra parte, igual es lo que tenía que haber hecho hoy. Pero el cabrón fue rápido y yo tuve que elegir entre mandarlo a él a la mierda o atender a mi bebé. Os cuento:

Ayer leía a Madre Reciente que escribió, tan acertadamente como siempre hace ella, sobre la gente que juzga cuando las cosas no son evidentes. Y cómo esa gente interviene causando más mal que bien. A veces con toda la intención de hacer daño. A veces con ¿intención de hacer bien? Supongo que en general no se paran mucho a pensar qué coño están haciendo.

Pues, oye, como si hubiera sido providencial, yo hoy he hecho pleno. Leer artículo completo

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Artículos, Relatos

Ser madre es una mierda

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Y, ahora que tengo vuestra atención, voy a desarrollar esta idea.
No me refiero a los niños, no. Tener hijos, compartir tu vida con unas pequeñas (grandes) personitas que te llenan de orgullo y alegría, es maravilloso.
Tampoco me refiero al ejercer como madre. Ya sabéis: hacer desayunos, ir a tal o cual sitio, ver pelis, jugar… Eso está bien.
Me refiero a ti. A la persona en que te conviertes cuando te conviertes en madre. Ser esa persona: eso es una mierda.
Porque resulta que lo que pasa cuando te conviertes en madre, y esto no te lo cuenta nadie, es que haces tuyas las necesidades de toda tu familia.
Y no es un «Claro, es que hay que dar de comer al bebé y blablá». Nonono. Es algo más intenso. Es como un parásito echando raíces en tu pecho y diciéndote que tú no puedes comer si existe la más mínima posibilidad de que alguien de tu familia quiera comerse ese trozo de pan que te quieres llevar a la boca.
Y eso es una mierda.
Tienes un bebé, que es cien por cien dependiente de ti, y crees que será diferente cuando crezca y «ya no te necesite tanto». Joder, qué gran mentira. Crecerá y tendrá muchas más necesidades. Y tú seguirás anteponiendo todas las suyas a todas las tuyas.
Las suyas: las de todos. Las de todos los hijos que tengas y las de todos los miembros de tu familia que vivan bajo tu mismo techo (y, a veces, las de los que están bajo otro techo también). Porque no te conviertes en madre de tus hijos: te conviertes en madre del mundo, en madre de todos. Y si existe una forma de evitar que esto suceda yo no la conozco.
Así que un día te levantas, y vas a lavarte los dientes con tu cepillo de dientes eléctrico, y descubres que no tiene batería porque tú lo enchufaste anoche pero alguien llegó detrás y lo desenchufó para poner a cargar el suyo.
Y empiezas a pensar.
En los últimos cepillos de dientes de los niños, que tuviste que ir a tres sitios diferentes para encontrar los que ellos querían. Pero aquí a nadie le preocupa si tú puedes lavarte los dientes o no.
En sus visitas a la dentista para hacerse empastes en sus dientes de leche mientras tú llevas año y medio sobreviviendo a tu muela rota con paracetamoles.
En las dos rosquillas que habías guardado en el armario para desayunar hoy y ya no están porque alguien se las llevó ayer al parque para dárselas de comer a las palomas.
En que abrazas la no-depilación, no como gesto de protesta antipatriarcal, sino como opción de no-queda-otra porque el tiempo que tardas en depilarte es el mismo que tardas en leerle a tu hijo dos capítulos de Harry Potter, y él tiene muchas ganas de que le leas.
En el libro que dejaste en el estante de la librería, porque alguien te pidió el último de su saga juvenil favorita y solo podías llevarte uno. Y el tuyo se quedó allí, y el otro lleva tres meses en casa sin que nadie le preste atención.
En las cinco películas que querías ver y que han entrado y salido de la cartelera del cine mientras tú veías otras que ganaban en la votación familiar.
En toda la ropa interior que no renuevas desde hace mil años, porque por alguna razón comprar bragas para ti nunca está en tu lista de prioridades.
En la cantidad de arrugas, canas y huellas del tiempo en general que se van apoderando de ti mientras tú cuidas de otros.
Y de pronto te preguntas:
«¿Y quién me cuida a mí?»
Y explotas de puro vacío. Porque sientes que siempre estás para dar, pero nunca recibes. Y te has quedado sin nada.
Y colapsas. Y te enfadas. Y te echas a llorar.
Y eso, ESO, es una mierda.
Estar ahí, en ese papel: ESO es una mierda.
Y luego pasas el día, triste, con dolor de cabeza, sintiendo que nadie te entiende y ahogada de soledad. Y lloras a ratos cuando nadie te ve. Y al final te duermes y llega el día siguiente, igual que el anterior y que el otro de más allá.
Y respiras profundo.
Y te sientes muy ridícula.
Porque mira el pollo que has montado…
Por un cepillo de dientes.
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Foto: Ana Hevia @anahevia_
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Relatos

Tortitas, agujas, prisas y mentiras (Malditos seáis, adultos)

Tortitas, agujas y mentiras

Ahora que tengo un ratín, quiero compartir algo. Puede que lo lea alguien que en su trabajo se relacione con niños, aunque sea de manera ocasional -puede que, sobre todo, si es de manera ocasional- y le sirva para reflexionar acerca de su manera de relacionarse con ellos. En realidad, tengo la esperanza de que así sea.

Os voy a contar lo que me ha pasado hoy:

Mi hija mediana tiene una percepción y una sensibilidad excepcionales, lo cual es una gran cualidad, aunque en ocasiones dificulta algunas situaciones. Por ejemplo, es muy aprensiva  y temerosa del dolor en el propio cuerpo.

Esta mañana fuimos al centro de salud, porque tenían que sacarle sangre para unos análisis importantes. Nos dieron la cita la semana pasada, y estuve desde entonces preparándola, ayudándola a mentalizarse de lo que iba a pasar hoy cuando llegáramos al ambulatorio.

– No quiero, mamá, tengo miedo.

– Lo sé, es normal tener miedo.

– Pero, ¿me va a doler?

– No lo sé. A algunas personas les duele, a otras no. Lo que puedo prometerte es que durará poco. Leer artículo completo

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Eventos, Relatos

El cuento de ‘La madre Perfecta’, el cuento de ‘La madre Desastre’

perfecta y desastre

Como os había contado, he estado presente como ponente, junto a mi querida Melisa (Madre Reciente), en la IX edición de Gestionando Hijos. Ha sido una experiencia maravillosa, más allá de todas mis expectativas, no solo porque he hablado sobre las tablas del Teatro Lope de Vega ante mil cuatrocientas personas. Ha sido una mañana emocionante y divertida, donde las lágrimas y las risas se han ido intercalando en cuestión, a veces, de solo unos segundos.

Un estupendo equipo de organización y de ponentes, de los que me llevo mucho, mucho aprendizaje. Porque ya sabéis que siempre, siempre, podemos aprender algo nuevo. De verdad, que magnífica mañana ❤

El motivo de escribir este post es que muchísimas personas me han preguntado tras el evento si los cuentos que leí son míos y/o si existen. Tanto me lo han preguntado que me empiezo a plantear convertirlos en un libro real ? Pero de momento voy a dejarlos aquí, en mi blog que es vuestra casa 🙂

Para quienes no estuvisteis presentes ni lo visteis en directo a través de facebook live, os pongo en antecedentes:

Melisa y yo queríamos transmitir un mensaje claro: no somos perfectas, ni falta que hace. La maternidad (como la vida) consiste en disfrutar del paisaje mientras andamos, en ser felices y en que, si no llegamos a todo, no pasa nada. Y para transmitir esta idea hicimos una ponencia en tres actos: el cuento de la madre perfecta, la historia de la madre regular, y el cuento de la madre desastre. Los cuentos los escribí a propósito para el evento y preparé un falso libro de atrezzo (que, os cuento en secreto, en realidad era el de A qué sabe la luna tuneado?).

Así que, sin más dilación, aquí os dejo los cuentos originales, tal como los escribí para el evento, aunque luego hube de recortarlos para no extenderme en el tiempo. Solo os digo una cosa: uno de los cuentos es fantasía. El otro, está basado en hechos reales. Adivinad cuál es cuál. Leer artículo completo

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Eventos

#megustaeducar ¡Nos vemos en Gestionando Hijos!

MELISA TUYA JESSICA GOMEZ

Yo no sé qué pasa, que todos los años, cerca de mi cumple, pasa algo interesante.

Hace cuatro años me propusieron mi primer cuento, hace tres la FECYT valoró un proyecto educativo en el que yo participaba como uno de los tres mejores de aquel año, hace dos años me fui a los premios Bitácoras como finalista y a participar en una mesa redonda en ManchaArte, el año pasado me propusieron la campaña publicitaria para Natura y este año… ¡Este año me voy a Gestionando Hijos, Mari!

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Mi amiga Melisa (Madre Reciente) y la menda lerenda vamos a hacer una breve ponencia juntas, titulada La educación no es un cuento, en la que, a través de dos cuentos y algunas interesantes reflexiones, reivindicaremos nuestro derecho a no peinarnos. El evento será el próximo sábado 24 de noviembre, de 9 a 14 horas. Nosotras salimos a las 12:15 y se podrá seguir en directo a través de facebook live.

Hay un cartel que se me saltan los ojos. Bueno, las lágrimas, ya me entendéis.

Está, por ejemplo, Marina Marroquí, que ha sido mi momento grupi número uno, porque me dejó fascinada desde el minuto cero en su aparición en Salvados. Estará Boticaria García y también Pedro García Aguado, a quien seguro que recordáis de Hermano Mayor. Y mi momento grupi número dos lo he tenido al ver que también estará Javi Nieves, que me hace mucha ilusión porque lo escucho todas las mañanas. Voy a ver si consigo hacerme un selfie con mis momentos grupi sin parecer una fan histérica.

fan
¡Marinaaaa! ¡Javiii! ¡Tengo vacaaaaas!

La verdad es que todos los ponentes son unas joyas en lo suyo, y yo no tengo claro qué pinto ahí, pero como voy con Melisa pues silbaré disimuladamente y así se me nota menos que seré como una castaña en un yogur.

En la página de Gestionando Hijos tenéis el listado de ponentes y el programa (click aquí), y podéis comprar las entradas en este enlace.

Le he dicho a mi madre que no puedo ir toda arreglada porque pierdo credibilidad, y me ha sacado la carta de que la mato a disgustos. Al final le he dicho que voy a ir un poco mona, así que ya sabéis: si alguien va, nada de fotos, que luego to se sabe.

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Artículos

10 cosas con las que NO voy a perder el tiempo en esta maternidad

no perdere el tiempo en esta maternidad

Cuando tuve a mi segunda hija, me di cuenta de cuántas cosas inútiles y accesorias me habían hecho perder tiempo, energía y dinero al tener a mi primer bebé. Desde el quinto mes de embarazo, en que me gasté setecientos eurazos en uno de estos carros tres es uno (del que luego, esencialmente, usé solo el huevito). Me consta, por cierto, que no soy la única.

A punto de nacer la segunda, me decía mi madre «Hija, ¿pero todavía no has preparado nada? ¿O ya lo tienes todo?». Y le decía yo, toqueteándome: «A ver: dos tetas, dos brazos… Sí, mamá, lo tengo todo«. Y, básicamente, es así.

Cuando nació mi mayor, salir de casa era un despliegue de medios que rozaba el ridículo de manera constante, para caer de lleno en el más absoluto absurdo cuando me descubría a mí misma guardando el silbato aquel para sorber los mocos, «no vaya a ser que le den mocos, madremía». Cuando nació mi pequeña, agarraba niña y bandolera, un par de pañales al bolso (al bolso, al mío, al normal) y a correr. «Dos tetas, dos brazos, dos pañales… Sí, lo tengo todo«.

Me di cuenta entonces de que, como dicen, la experiencia es un grado, y a veces ese grado te hace simplificar y disfrutar mucho más, porque te vas librando de todo lo que no hace sino complicarte la vida y dificultar que te centres en las cosas divertidas y realmente importantes, que es, al fin, en lo que debería basarse la maternidad/paternidad: en disfrutar de nuestro tiempo con nuestros pequeños, que serán pequeños poco tiempo. También me planteé que, si esta «despreocupación» es progresiva según se van acumulando retoños, cuando yo nací, siendo la pequeña de cinco hermanos, probablemente me soltaron en el estanque de los patos y fueron a recogerme un día a los tres o cuatro años, a tiempo para el primer día de cole.

Total, que dándole vueltas a esta idea estoy pensando que, aunque yo de por mí ya soy muy simple, seguro que puedo simplificar aún más. Y he estado pensando en cosas que NO ME HARÁN PERDER TIEMPO absurdamente en esta, mi tercera maternidad. Y me las apunto, no vaya a ser que a mi cerebro de placenta le de por olvidarlas al parir. Así que NO VOY A PERDER EL TIEMPO… Leer artículo completo

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Relatos

Estrellas de nieve

Estrelles de ñeve

Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña. Estoy fascinada. No puedo dejar de mirar al otro lado del cristal. ¡Nieve! Por las aceras, entre los coches, sobre la playa nieve. Ante mis ojos, nieve. Frente al mar abierto, en el aire oscuro, nieve.

Que tendrá la nieve, que el chocolate es más chocolate cuando hay nieve. Que el café es más café, que el calor es más calor. Que la vida se recoge y nos cabe entera bajo una manta.

Nieve. Lamiendo la primavera. Nieve.

Mis hijos terminan la merienda y se levantan para ir a jugar, pero detengo a mi hija. Tiene azúcar en el pelo, y toda la cara llena de chocolate. La cara toda. Incluso sobre una ceja tiene chocolate.

– Ven, que te limpio.

– No, mamá, me limpio yo. – Me dice, mientras se pone de puntillas para alcanzar una servilleta.

Yo la miro. Ella se limpia.

– Pues ven, que te quito el azúcar del pelo.

– Mamá, ¿a que cuando me baño me llega el pelo hasta el culo? – Me dice, mientras le voy quitando el azúcar de cada pelo, como deshebrando azafrán.

Yo asiento. Ella se va.

Qué largo tiene ya el pelo. Hace nada sus rizos se revolvían tras sus orejas desnudas. Esos días, cuando aun de puntillas no alcanzaba al interruptor de la luz. Y ahora tengo ahí a una mujer chiquitita, que se limpia, que se peina, que decide y es feliz. Que va a jugar con su hermano, un hombre pequeñín que se quiere, se conoce, que respeta.

Qué rápido pasa todo.

Qué breve que es el tiempo. Leer artículo completo

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Relatos

Vivir en el NO

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Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña. Hoy necesitaba mucho este rato de desconexión, de aparcar mi mundo de adulta ahí fuera y meterme aquí, donde entera yo me repliego en un café. Donde, si respiras hondo y te concentras en oler las voces, puedes llegar a olvidar todo lo demás.

Así que eso hago: voy ralentizando, con plena consciencia, mi respiración. Más despacio, más profundo. Aspiro el café. Más despacio, más profundo. Escucho las voces. Más despacio, más profundo. Pierdo la vista. Más despacio, más profundo. He llegado. Me quedo aquí, en este remanso de paz, en el que solo respiro, escucho y veo.

Huele bien. A café recién molido, a crema caliente, a lluvia en los paraguas… Y a niños. Huelen a tierra, azúcar y pinturas de colores. Si la alegría tuviera un olor, sería el de los niños. Se escuchan risas. Se escucha algún desencuentro y juraría que un abrazo. Uno de esos largos, que dejan babas. Creo que he escuchado las babas, también. Y de pronto escucho un grito, fuerte, furioso: Leer artículo completo

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Artículos, Relatos

«Mamá, ¿cómo se hacen los bebés?»

como se hacen los bebes iluminado

Reconozco estar un poco abrumada con la respuesta que ha tenido esta «tontería» en las redes, tanto en facebook como en instagram, que publiqué dentro de mi serie de #motivosparaserfeliz (serie que empecé a modo de ejercicio mental cuando mi padre estaba en el hospital).

Era solo una publicación más, pero mucha gente, en comentarios y mensajes privados, me ha sugerido/pedido que cuente cómo se lo expliqué, cómo respondí, a mi hija de cuatro años, a la pregunta de «cómo se hacen los bebés».

No imaginé que pudiera ser de interés algo así, ni sé muy bien qué puede tener de especial verme a mí explicar algo, pero si puede serle de utilidad a alguien que no sepa cómo abordarlo, pues por qué no 🙂 Además, fue una conversación divertida ^_^´

Y también es cierto que hace tiempo que me ronda la cabeza la idea de hacer algunos post bajo la etiqueta Explicado a los niños, porque me he dado cuenta de que, a menudo, consigo explicarles conceptos (casi siempre bloc mediante) como el capitalismo, el consumo responsable, el machismo, la guerra, la identidad de género y otros que, a priori, no parecen fáciles… Así que me he animado y ¡venga! ¿Por qué no?

Os contaré la escena. Coged palomitas, que empieza la peli: Leer artículo completo

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