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Eventos, Relatos

El cuento de ‘La madre Perfecta’, el cuento de ‘La madre Desastre’

perfecta y desastre

Como os había contado, he estado presente como ponente, junto a mi querida Melisa (Madre Reciente), en la IX edición de Gestionando Hijos. Ha sido una experiencia maravillosa, más allá de todas mis expectativas, no solo porque he hablado sobre las tablas del Teatro Lope de Vega ante mil cuatrocientas personas. Ha sido una mañana emocionante y divertida, donde las lágrimas y las risas se han ido intercalando en cuestión, a veces, de solo unos segundos.

Un estupendo equipo de organización y de ponentes, de los que me llevo mucho, mucho aprendizaje. Porque ya sabéis que siempre, siempre, podemos aprender algo nuevo. De verdad, que magnífica mañana ❤

El motivo de escribir este post es que muchísimas personas me han preguntado tras el evento si los cuentos que leí son míos y/o si existen. Tanto me lo han preguntado que me empiezo a plantear convertirlos en un libro real 😅 Pero de momento voy a dejarlos aquí, en mi blog que es vuestra casa 🙂

Para quienes no estuvisteis presentes ni lo visteis en directo a través de facebook live, os pongo en antecedentes:

Melisa y yo queríamos transmitir un mensaje claro: no somos perfectas, ni falta que hace. La maternidad (como la vida) consiste en disfrutar del paisaje mientras andamos, en ser felices y en que, si no llegamos a todo, no pasa nada. Y para transmitir esta idea hicimos una ponencia en tres actos: el cuento de la madre perfecta, la historia de la madre regular, y el cuento de la madre desastre. Los cuentos los escribí a propósito para el evento y preparé un falso libro de atrezzo (que, os cuento en secreto, en realidad era el de A qué sabe la luna tuneado😉).

Así que, sin más dilación, aquí os dejo los cuentos originales, tal como los escribí para el evento, aunque luego hube de recortarlos para no extenderme en el tiempo. Solo os digo una cosa: uno de los cuentos es fantasía. El otro, está basado en hechos reales. Adivinad cuál es cuál. Leer artículo completo

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Eventos

#megustaeducar ¡Nos vemos en Gestionando Hijos!

MELISA TUYA JESSICA GOMEZ

Yo no sé qué pasa, que todos los años, cerca de mi cumple, pasa algo interesante.

Hace cuatro años me propusieron mi primer cuento, hace tres la FECYT valoró un proyecto educativo en el que yo participaba como uno de los tres mejores de aquel año, hace dos años me fui a los premios Bitácoras como finalista y a participar en una mesa redonda en ManchaArte, el año pasado me propusieron la campaña publicitaria para Natura y este año… ¡Este año me voy a Gestionando Hijos, Mari!

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Mi amiga Melisa (Madre Reciente) y la menda lerenda vamos a hacer una breve ponencia juntas, titulada La educación no es un cuento, en la que, a través de dos cuentos y algunas interesantes reflexiones, reivindicaremos nuestro derecho a no peinarnos. El evento será el próximo sábado 24 de noviembre, de 9 a 14 horas. Nosotras salimos a las 12:15 y se podrá seguir en directo a través de facebook live.

Hay un cartel que se me saltan los ojos. Bueno, las lágrimas, ya me entendéis.

Está, por ejemplo, Marina Marroquí, que ha sido mi momento grupi número uno, porque me dejó fascinada desde el minuto cero en su aparición en Salvados. Estará Boticaria García y también Pedro García Aguado, a quien seguro que recordáis de Hermano Mayor. Y mi momento grupi número dos lo he tenido al ver que también estará Javi Nieves, que me hace mucha ilusión porque lo escucho todas las mañanas. Voy a ver si consigo hacerme un selfie con mis momentos grupi sin parecer una fan histérica.

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¡Marinaaaa! ¡Javiii! ¡Tengo vacaaaaas!

La verdad es que todos los ponentes son unas joyas en lo suyo, y yo no tengo claro qué pinto ahí, pero como voy con Melisa pues silbaré disimuladamente y así se me nota menos que seré como una castaña en un yogur.

En la página de Gestionando Hijos tenéis el listado de ponentes y el programa (click aquí), y podéis comprar las entradas en este enlace.

Le he dicho a mi madre que no puedo ir toda arreglada porque pierdo credibilidad, y me ha sacado la carta de que la mato a disgustos. Al final le he dicho que voy a ir un poco mona, así que ya sabéis: si alguien va, nada de fotos, que luego to se sabe.

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Artículos

10 cosas con las que NO voy a perder el tiempo en esta maternidad

no perdere el tiempo en esta maternidad

Cuando tuve a mi segunda hija, me di cuenta de cuántas cosas inútiles y accesorias me habían hecho perder tiempo, energía y dinero al tener a mi primer bebé. Desde el quinto mes de embarazo, en que me gasté setecientos eurazos en uno de estos carros tres es uno (del que luego, esencialmente, usé solo el huevito). Me consta, por cierto, que no soy la única.

A punto de nacer la segunda, me decía mi madre “Hija, ¿pero todavía no has preparado nada? ¿O ya lo tienes todo?”. Y le decía yo, toqueteándome: “A ver: dos tetas, dos brazos… Sí, mamá, lo tengo todo“. Y, básicamente, es así.

Cuando nació mi mayor, salir de casa era un despliegue de medios que rozaba el ridículo de manera constante, para caer de lleno en el más absoluto absurdo cuando me descubría a mí misma guardando el silbato aquel para sorber los mocos, “no vaya a ser que le den mocos, madremía”. Cuando nació mi pequeña, agarraba niña y bandolera, un par de pañales al bolso (al bolso, al mío, al normal) y a correr. “Dos tetas, dos brazos, dos pañales… Sí, lo tengo todo“.

Me di cuenta entonces de que, como dicen, la experiencia es un grado, y a veces ese grado te hace simplificar y disfrutar mucho más, porque te vas librando de todo lo que no hace sino complicarte la vida y dificultar que te centres en las cosas divertidas y realmente importantes, que es, al fin, en lo que debería basarse la maternidad/paternidad: en disfrutar de nuestro tiempo con nuestros pequeños, que serán pequeños poco tiempo. También me planteé que, si esta “despreocupación” es progresiva según se van acumulando retoños, cuando yo nací, siendo la pequeña de cinco hermanos, probablemente me soltaron en el estanque de los patos y fueron a recogerme un día a los tres o cuatro años, a tiempo para el primer día de cole.

Total, que dándole vueltas a esta idea estoy pensando que, aunque yo de por mí ya soy muy simple, seguro que puedo simplificar aún más. Y he estado pensando en cosas que NO ME HARÁN PERDER TIEMPO absurdamente en esta, mi tercera maternidad. Y me las apunto, no vaya a ser que a mi cerebro de placenta le de por olvidarlas al parir. Así que NO VOY A PERDER EL TIEMPO… Leer artículo completo

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Relatos

Estrellas de nieve

Estrelles de ñeve

Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña. Estoy fascinada. No puedo dejar de mirar al otro lado del cristal. ¡Nieve! Por las aceras, entre los coches, sobre la playa nieve. Ante mis ojos, nieve. Frente al mar abierto, en el aire oscuro, nieve.

Que tendrá la nieve, que el chocolate es más chocolate cuando hay nieve. Que el café es más café, que el calor es más calor. Que la vida se recoge y nos cabe entera bajo una manta.

Nieve. Lamiendo la primavera. Nieve.

Mis hijos terminan la merienda y se levantan para ir a jugar, pero detengo a mi hija. Tiene azúcar en el pelo, y toda la cara llena de chocolate. La cara toda. Incluso sobre una ceja tiene chocolate.

– Ven, que te limpio.

– No, mamá, me limpio yo. – Me dice, mientras se pone de puntillas para alcanzar una servilleta.

Yo la miro. Ella se limpia.

– Pues ven, que te quito el azúcar del pelo.

– Mamá, ¿a que cuando me baño me llega el pelo hasta el culo? – Me dice, mientras le voy quitando el azúcar de cada pelo, como deshebrando azafrán.

Yo asiento. Ella se va.

Qué largo tiene ya el pelo. Hace nada sus rizos se revolvían tras sus orejas desnudas. Esos días, cuando aun de puntillas no alcanzaba al interruptor de la luz. Y ahora tengo ahí a una mujer chiquitita, que se limpia, que se peina, que decide y es feliz. Que va a jugar con su hermano, un hombre pequeñín que se quiere, se conoce, que respeta.

Qué rápido pasa todo.

Qué breve que es el tiempo. Leer artículo completo

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Relatos

Vivir en el NO

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Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña. Hoy necesitaba mucho este rato de desconexión, de aparcar mi mundo de adulta ahí fuera y meterme aquí, donde entera yo me repliego en un café. Donde, si respiras hondo y te concentras en oler las voces, puedes llegar a olvidar todo lo demás.

Así que eso hago: voy ralentizando, con plena consciencia, mi respiración. Más despacio, más profundo. Aspiro el café. Más despacio, más profundo. Escucho las voces. Más despacio, más profundo. Pierdo la vista. Más despacio, más profundo. He llegado. Me quedo aquí, en este remanso de paz, en el que solo respiro, escucho y veo.

Huele bien. A café recién molido, a crema caliente, a lluvia en los paraguas… Y a niños. Huelen a tierra, azúcar y pinturas de colores. Si la alegría tuviera un olor, sería el de los niños. Se escuchan risas. Se escucha algún desencuentro y juraría que un abrazo. Uno de esos largos, que dejan babas. Creo que he escuchado las babas, también. Y de pronto escucho un grito, fuerte, furioso: Leer artículo completo

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Artículos, Relatos

“Mamá, ¿cómo se hacen los bebés?”

como se hacen los bebes iluminado

Reconozco estar un poco abrumada con la respuesta que ha tenido esta “tontería” en las redes, tanto en facebook como en instagram, que publiqué dentro de mi serie de #motivosparaserfeliz (serie que empecé a modo de ejercicio mental cuando mi padre estaba en el hospital).

Era solo una publicación más, pero mucha gente, en comentarios y mensajes privados, me ha sugerido/pedido que cuente cómo se lo expliqué, cómo respondí, a mi hija de cuatro años, a la pregunta de “cómo se hacen los bebés”.

No imaginé que pudiera ser de interés algo así, ni sé muy bien qué puede tener de especial verme a mí explicar algo, pero si puede serle de utilidad a alguien que no sepa cómo abordarlo, pues por qué no 🙂 Además, fue una conversación divertida ^_^´

Y también es cierto que hace tiempo que me ronda la cabeza la idea de hacer algunos post bajo la etiqueta Explicado a los niños, porque me he dado cuenta de que, a menudo, consigo explicarles conceptos (casi siempre bloc mediante) como el capitalismo, el consumo responsable, el machismo, la guerra, la identidad de género y otros que, a priori, no parecen fáciles… Así que me he animado y ¡venga! ¿Por qué no?

Os contaré la escena. Coged palomitas, que empieza la peli: Leer artículo completo

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Relatos

Medusa malvada. Pobre Medusa

Medusa

Soy la mujer de la mesa junto a la ventana. La que ha venido con un niño y una niña.

Mi hija hoy, al fin, ha recordado traer tizas de colores para pintar en ese trozo de pizarra que decora la esquina de la zona kid friendly.

Mi hijo ha venido a sentarse a mi lado, un poco ofendido por una disputa con otro niño. Es curioso cómo a veces nos obligamos a describir de nuevo nuestro mundo para responder a sus preguntas…

Él no suele interesarse por juegos violentos. No le gusta jugar a la guerra, y el único niño que hay hoy en la zona parecía empeñado en jugar a la guerra con él, hasta que mi hijo se ha rendido –literalmente- y ha decidido venir a merendar a mi lado. “Jugar a la guerra”, qué expresión tan dolientemente propia de quienes no son conscientes de a qué están jugando.

-Además quería que yo fuera el malo, mamá, y yo no quiero ser el malo.

-Lo entiendo – le dije, intentando que el orgullo tras mi sonrisa no fuera demasiado evidente, hasta que me espetó:

-Mamá, en una guerra, ¿cómo se sabe quiénes son los buenos y quiénes son los malos?

Y se me ha caído la sonrisa. He pensado un momento, que aunque sospecho no fue largo sin duda habría deseado que fuera más corto, y al final respondí:

-¿Te cuento un secreto, Hugo? En las guerras no hay buenos y malos: todos creen que son los buenos. Lo que pasa es que la historia siempre la cuentan los que ganan. Y siempre dicen que los malos eran los otros.

Ha perdido los ojos a través del cristal, con esa mirada que he aprendido a reconocer y que delata que está buscando una metáfora en la que explicar lo que yo acabo de contarle. Así que he decidido acompañarle en el viaje:

-¿Recuerdas la peli que vimos el otro día? ¿La de Perseo?

-Sí.

-Y recuerdas a Medusa, ¿verdad? Leer artículo completo

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Relatos

La última hoja

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Soy la mujer sentada bajo el castaño. La que ha venido con un niño y una niña. Y hoy este cielo, este tan gris sobre mi cabeza, este cielo de un otoño que en unos días morirá, se vive hoy más gris que nunca. Hay días que parece que la tierra se viste a tono con tu sentir. Y así nos sentimos hoy: grises.

Mi hija lo echa de menos. Se acuerda a diario de su abuelo. Se apena y, a veces, llora. Porque todos lloramos, a veces. “Yo no quería que se muriera abuelito”, me dice con tristeza. “Yo no quería que se le rompiera el corazón”, me dice entre lágrimas.

Y hoy me lo ha dicho aquí, en este parque, y el cielo, y el mundo, y la vida… Todo se ha quedado gris. Acabábamos de llegar, yo iba (una vez más) a abrir mi libro, pero apenas lo había posado sobre mis rodillas ella ha venido, de repente, sollozando. Su hermano la acompañaba. No sé qué le habrá podido pasar, aquí, en el parque, para acordarse de pronto de su abuelo. Pero ha venido a mí en busca de consuelo y, dejando el libro a un lado, con mi hijo mayor sentado a mi derecha, la he sentado en mi regazo y la he abrazado.

-Yo no quería que se muriera abuelito… – me dice con un hilo de voz.

-Ya lo sé, cariño. Yo tampoco quería.

-¿Y por qué se tuvo que morir?

-Pues… Porque todos los seres vivos se mueren, mi amor. Morir es parte de la vida.

-¿Nosotras nos vamos a morir? – me ha preguntado, clavándome una mirada casi, casi suplicante.

Le he sostenido la mirada, en silencio, conteniendo mis propias lágrimas y sin saber qué responderle. No puedo decirle que no. No quiero decirle que sí. Esto se hace más complicado por momentos. Y entonces ella ha continuado preguntando:

-¿Y por qué hay que morirse?

Suspirando, he mirado a mi alrededor. El suelo es naranja y crujiente, bajo nuestras botas. Todo el parque es un tapiz de hojas caídas. Las ramas esperan, desnudas, la llegada del invierno. Y mirando hacia arriba me detengo en las ramas de un castaño que ya no lo parece, porque este castaño que en octubre se llenaba de baile en sus hojas, las ha perdido todas ya. Y he sabido exactamente qué responder: Leer artículo completo

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Relatos

El Pacto de los Besos

El Pacto de los Besos 700x400

Soy la mujer sentada bajo el castaño. La que ha venido con un niño y una niña. Las dos mujeres que se acaban de ir son dos buenas amigas, y sus hijos son buenos amigos de los míos. Me encanta cuando esta doctrina nuestra a la que llamamos calendario nos da cuartel para encontrarnos. Para poder compartir un rato de tranquilidad mientras los niños juegan –si es que existe la tranquilidad mientras los niños juegan-.

Lástima que pasen prontas las tardes de noviembre, y que se hayan tenido que ir antes de oscurecer. Nosotros nos quedamos un ratito más. Lo justo para ver el último grito del sol tintar el cielo de otoño.

A una de ellas la veo a diario. Nos hemos despedido con un hasta mañana. A la otra la veo muy de vez en cuando. Nos despedimos con un abrazo largo, de esos de muchos mississippis. Los niños han hecho un combinado perfecto para despedirse: al que no le gustan los besos, se ha despedido con la mano; otros dos se han abrazado; la cuarta le ha dado un beso a su mejor amigo, que se ha dejado besar sin devolverle beso a cambio, y se han abrazado fuerte. Siete personas, más de veinte despedidas, todas diferentes.

Me gusta eso. Me gusta que no exista, para nosotros, un protocolo que seguir, un roce obligatorio tras un formalismo de educación. Me gusta que cada uno haya dado y recibido, ni más ni menos, que lo que sentía que había de recibir y dar. Me gusta que nadie se sienta ofendido “por haber recibido de menos”, que nadie se sienta triste “por haber dado de más”. Supongo que hay tantas formas de entender el contacto como personas con tacto podemos entender.

Y no sé si me equivoco, pero sé que esto me gusta. Que hay algo que me llena profundamente en ver el cariño fluir de manera natural, genuina, sonriente. Algo anda mal si nuestros besos y abrazos no admiten una sonrisa en la postdata.

Me gustáis así, hijos. Me gustáis genuinos. Así que, por si olvidara algún día cuanto escribo, escribo hoy un pacto: el Pacto de los Besos. Leer artículo completo

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Relatos

Querida yo de hace cuatro años (exactamente cuatro)

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Querida yo de hace cuatro años (exactamente cuatro):

Si este año esperas una bonita carta, lo siento, pero creo que hoy no estoy de humor. Este último mes ha sido una locura y el cumpleaños de Aine ha llegado antes de lo que esperaba. Pero en fin, no te preocupes ahora por eso. Ya te tocará. Ahora relájate, que esta noche será intensa.

Llevaba tiempo pensando en qué contarte este año. Sabes que no me gusta estropearte las sorpresas… Así que pensaba hablarte de algo que has aprendido y madurado  mucho estos últimos meses: has aprendido a despedirte. Y es fantástico, Jess. Qué liberación. Leer artículo completo

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