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Relatos

Por si mañana no estoy…

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Hijo, ¿sabes qué es el amor?

El amor es energía, cariño. Igual que la luz. La luz existe siempre, incluso cuando está apagada. Incluso cuando estamos a oscuras, la luz sigue existiendo en el universo.

El amor es igual.

Y mamá te quiere tanto, hijo, es tan, tan grande el amor que mamá siente por ti, que todo ese amor está en todas partes y llena el universo entero. Mira, si estiras así los brazos y los llevas hacia ti, puedes recogerlo en el aire y abrazarte con el amor de mamá.

El amor de mamá es como la luz, hijo: existe siempre. Siempre está ahí. Incluso cuando no me puedes ver.

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Original para Facebook. 08/01/2016

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Intimidad

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El otro día una amiga compartió un post (no por estar de acuerdo con su contenido, por cierto) que daba la opinión –personal, intransferible y presuntamente válida- de una reciente madre que contaba orgullosa cómo su bebé de tres meses ya lleva un mes durmiendo solo en su habitación. “Como un campeón”, decía.

A mí, vaya por delante, me parece que lo que ha de primar en cada familia es que los padres hagan aquello que sienten que es lo mejor. Y creo que todos deberíamos tener, constitucionalmente, el derecho inalienable de que nos dejen maternar y paternar en paz. Por ende me importa, básicamente, lo que tres cucumis lo que haga esta chica en su hogar.

Pero ¡joder! A mí de toda la vida me han gustado los morenos (mi rubísimo marido tiene constancia de ello, por cierto). Y para yo contar cuánto me gusta el pelo negro no me voy cagando en tó lo rubio de la gente. No sé si me explico.

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Dicen que dios…

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Dicen que dios hizo el mundo en seis días, y el séptimo descansó. Eso demuestra que dios no tenía hijos.

Si dios hubiera tenido hijos, el séptimo día habría podido hacer cualquier cosa… Pero descansar no. Habría ido al parque a pasar la tarde y se habría comido un helado de tres pisos. Habría jugado a los trenes y pintado con los dedos. Habría hecho galletas y se habría pasado una hora entera limpiando harina del suelo y los cajones. Habría hecho un fuerte con cajas viejas, reparado las ruedas rotas de mil coches de juguete y se habría convertido en súper héroe aprendiendo a volar desde el sofá.

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Señores de H&M, les propongo una idea absurda:

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Señores de H&M, les propongo una idea absurda:

Imagínense su tienda dentro de, qué sé yo, veinte años. Imaginen a un cliente entrando por la puerta, mirando alrededor y sintiéndose libre de comprar cualquier cosa que le apetezca, que le guste, que le haga sentir bien, cómodo, especial. Identificado. Qué tontería, ¿verdad? Eso ya lo puede hacer ahora, cualquiera. Entrar y comprar lo que se le antoje.

De acuerdo, retrocedamos.

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Las buenas madres NO DAN TETA

Las buenas madres no dan teta

Compartí hace poco un post sobre “esos niños que NO NECESITAN teta”. Para resumir, sobre la lactancia materna, de esa que dura incluso cuando el niño ya tiene dientes, come otras cosas, camina, corre y es capaz de venir a pedírtela a gritos. De esa lactancia que va más allá del año, o de los dos, o de los cinco o los que sean, y que al grueso del mundo le parece algo grotesco y censurable. De esa lactancia que yo practico con mis dos hijos, mal llamada “prolongada”.

Y cuando comparto algo así soy plenamente consciente de que me traerá muchos dislikes, bastante polémica y algún enemigo. ¿Por qué lo comparto, entonces? Porque algunas cosas alguien tiene que decirlas en voz alta. Cuanto más alta mejor. Y hace tiempo que, además de no dejarme comer por lo políticamente correcto, intento obviar lo popularmente apropiado. Aunque lo pague con popularidad.

Se suele levantar un debate, con estas cosas, sobre cuál es la mejor opción, sobre qué pasa con esas madres que no quieren o no pueden dar pecho, con las que lo han dado poco, con las que estivilizan, las que llevan siempre en brazos, las que paren en casa o las que programan una cesárea, todas sintiéndonos buenas. Todas sintiéndonos malas.

Y no.

Lo siento, pero las buenas madres no dan teta. Las buenas madres no dan biberón, ni colechan, ni estivilizan, ni paren en casa, ni programan cesáreas, ni hacen lo que les mandan ni nadan contra corriente.

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Esos niños que NO NECESITAN teta

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El otro día leí a una chica en una publicación de Facebook –bueno, en realidad en el hilo de comentarios de una publicación sobre lactancia materna en niños “mayores”- decir que de acuerdo que la leche materna es muy buena, pero que “un niño de cinco años no necesita pecho para comer.”

Oye, cuánta razón. Me gustó tanto el comentario que llevo desde entonces queriendo responder, e incluso ampliarlo un poco. A ver qué tal me sale:
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Querido Diario:

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Querido diario:

Hoy he intentado ir a cagar otra vez. El bebé dormía y el niño veía dibujos hipnotizado, así que cuando me vino el apretón pensé “Por fin! Esta es la mía.” y me fui corriendo al baño.
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