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The Pursuit of Happiness

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Hay días que me levanto que, no sé… Es como si me hubiera hecho el café del desayuno con leche de unicornio.

En una finca cerca de mi casa hay una yegua. Cada vez que oye la voz de mis hijos, relincha y viene corriendo. Sabe que siempre le damos algo de comer. Antes sólo le acercábamos las flores cercanas que sabemos que le gustan y a las que no alcanzaba. Poco a poco fuimos incorporando ciruelas del árbol de la finca de enfrente, luego manzanas… Ahora el pan de ayer de cada día es para ella. Ver a mis hijos correr hacia una yegua que corre hacia ellos. Buf.

En una tienda del centro tienen un perro de cerámica de color rosa chicle en la calle, junto a la puerta. Un doberman a tamaño real, ahí es nada. Esta mañana pasé por delante camino del banco, y un perro le ladraba, claramente contrariado. Otra persona quizá habría reprendido al perro, pero el chico que estaba al otro lado de su correa sonreía, consciente de lo simpático de la situación, sin ninguna vergüenza, y acompañaba a su peludo en el paseo. Nada de cachetes. Sólo risas.

Estos días de tanto calor mi hija siempre me pide que le baje la ventanilla del coche. Todas, todas y cada una de las veces que el coche se para, ella saluda al coche de al lado. O a quien pase por la acera, da lo mismo. Y la gente –la mayoría- le devuelve el saludo con la gran sonrisa de quien tiene el privilegio de que un niño le salude. Y yo sonrío también, porque mi hija es feliz cuando le devuelven el saludo.

Hoy pasaron la manguera por la carretera de mi calle. Mira tú, con lo que ha llovido esta semana, qué despilfarro. Será que aquí hay poca gente, o poco coche, o cero comercios, pero el trabajador levanta la manguera con unas ganas que parece que quisiera regar las nubes. Y, contra el pronóstico del tiempo, hoy ha hecho sol en Asturias. Y a su paso por la manguera, la luz dibujó un arcoíris.

Una de mis películas favoritas de todos los tiempos es En Busca de la Felicidad. “The pursuit of Happyness”, en original (con y griega, no con i latina). En la Magna Carta de los Estados Unidos, se contempla el derecho de todo hombre a la búsqueda de la felicidad.

Un caballo que deja que lo acaricies.
Un perro que le ladra a otro perro de cerámica rosa chicle.
Un niño que saluda desde un coche.
Un arcoiris sobre el asfalto.

Puede que la felicidad no esté esperándonos en la meta. Puede que esté en los helechos al borde del camino. Y se nos está olvidando mirarla.

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Original para Facebook, 25/08/2016

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