Calabazas. Capítulo I
La portezuela verde tenía la pintura desconchada. Antes de abrirla, el agente ya sabía que los goznes chirriarían ligeramente. Era una cosa curiosa, aquella puerta: siempre había estado igual, pidiendo un pequeño mantenimiento que nunca llegaba, pero, inexplicablemente, nunca iba a peor. La pintura no envejecía más. El óxido no seguía avanzando por las bisagras. […]
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