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Querido Diario:

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Querido diario:

Hoy he intentado ir a cagar otra vez. El bebé dormía y el niño veía dibujos hipnotizado, así que cuando me vino el apretón pensé «Por fin! Esta es la mía.» y me fui corriendo al baño.

Cuando me senté en la taza, me di cuenta de que no había papel, así que con las bragas tobilleras y en silencio me acerqué a cogerlo al armario. Debió ser que hice ruido con la puerta, porque la gata apareció corriendo a subirse en el bidé para pedirme agua. Pero claro, la gata debió pasar corriendo por delante del perro, que ha aparecido también en el baño a ver qué hacía la gata. Con todo esto, han dejado solo al niño, que también ha aparecido por el baño preguntando «Oye, mamá, ¿qué hacéis todos aquí?», le ha cerrado el grifo a la gata y me ha pedido que le deje mirar dentro del váter, no vaya a ser que precisamente hoy me dé por cagar morado. Entonces he pegado un grito: «¿¿¿¡¡¡ME QUERÉIS DEJAR CAGAR TRANQUILA, POR FAVOR!!!???», y he despertado al bebé. La gata se fue corriendo, el niño salió tras ella riéndose, el perro -en solidaridad conmigo, obviamente- me miró, se tiró un pedo, se dio media vuelta y también se fue. Yo fui corriendo al salón, porque el bebé empezaba a llorar. Cuando ya lo tenía en brazos, terminé de subirme las bragas.

Querido Diario: si vamos a convertir en un ejercicio de surrealismo cada vez que intento cagar, me gustaría tener frescos de Dalí en el techo y un váter musical. Digo.

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Original para Facebook. 9/05/2016

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