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Yo NO SOY defensora del parto en casa

monita pariendo

No sé muy bien por dónde empezar, así que voy a empezar por algo que me sucedió hace poco:

En una conversación con alguien, esa persona me dijo (con cariño): “Además tú, que eres defensora del parto en casa”.

Este me parece un buen punto de partida: yo NO SOY defensora del parto en casa. ¿Sabéis de qué soy yo defensora? De asumir que las mujeres son  –y sé que esto es una idea revolucionaria- seres inteligentes, capaces de tomar sus propias decisiones y, además, decidir bien. Qué locura, ¿eh?

Yo no soy defensora del parto en casa, como no soy detractora del parto hospitalario. Yo soy defensora de que cada mujer es perfectamente capaz de elegir libremente, y de que esta sociedad debería favorecer las decisiones libres, sin presuponer incapacidad o enajenación, y sin intentar, constantemente, interceder en esa decisión, y mucho menos desde el miedo. Resumiendo: yo lo que defiendo es que cada mujer pueda elegir. Si es que estoy loca.

Cuando una mujer decide que quiere parir en el hospital (en realidad, tanto si lo decide como si lo hace por inercia de grupo) no pasa nada. “Ok, baby, todo correcto. Vas por el buen camino”. Pero cuando una mujer decide, no, se plantea parir en casa, se encuentra con la combinación que desde el inicio de los tiempos se opone a cualquier cosa que cuestione lo establecido: desconocimiento + prejuicios. Mortal.

Como puedo presumir (y de hecho lo hago) de tener uno de los espacios de internet, hoy día, en el que más respeto, diversidad y diálogo se puede encontrar entre las lectoras habituales (y lectores también: ¡Hola, 5%!), pues voy a aprovechar este espacio para compartir un poco de información veraz para aquellas personas que, de verdad, tengan un poco de interés en saber más sobre este tema.

Así que me lanzo: voy a contestar a los prejuicios y preguntas con los que YO me he encontrado al decidir, con dos de mis tres hijos, parir en casa. Vaya por delante que no pretendo, ni muchísimo menos, convencer a nadie de nada, pero creo (y veo) que existe MUCHA desinformación acerca del parto en casa, así que voy a exponer la información de que dispongo a través de la investigación y mi propia experiencia, por si a alguien le puede interesar.

Empiezo:

“Hay que parir con personal cualificado”

Sin entrar a debatir acerca del derecho que puede tener una mujer a elegir con quién parir, voy a lo que nos ocupa, que es el parto en casa normal, el que se practica de manera habitual:

El parto en casa POR SUPUESTO que se hace con personal cualificado. Creo que el oficio de matrona en este país está TERRIBLEMENTE denostado. A las matronas parece que se las tiene en el imaginario popular en el mismo nivel de formación que un/a auxiliar (con todo mi respeto hacia los/as auxiliares). Os juro que en una ocasión leí en un foro a una mujer preguntar “si alguien podía decirle dónde podía hacer un cursillo para ser matrona”.

Una matrona es una profesional que ha cursado la carrera de enfermería y, a mayores, ha hecho una especialización en ginecología y obstetricia, pasado el EIR y superado dos años de prácticas. Vamos: se ha estado preparando para su puesto, visto lo visto, más tiempo (mucho más) que la mitad de los dirigentes de este país.

Cuando tú dices que vas a parir en casa con una matrona, estás diciendo que te va a atender personal sanitario cualificado específicamente para esa labor. Una matrona que atiende partos en casa no es una chamana: es una obstetra.

“¡Pero tiene que haber un ginecólogo!”

No. La persona cualificada para acompañar un parto fisiológico normal es la/el matrona/matrón. El/la ginecólogo/a es la persona cualificada para atender un parto de riesgo o que presente complicaciones médicas. Si el parto es de riesgo o presenta complicaciones médicas, las propias matronas que te atenderían en casa no te atienden: te derivan al hospital.

También hay ginecólogos que atienden partos domiciliarios. Aquí hago una pausa para llamar a la reflexión: si no tienes claro esto del parto en casa, ¿con quién crees que se está más seguro, con una matrona o con un ginecólogo? Llama la atención profundamente que normalmente sean contratados cuando el padre “no lo ve claro” y se siente más tranquilo si hay “un médico de verdad” controlándolo todo.

“Parir en casa es más peligroso que parir en el hospital”

Evidencia científica en mano, esto es sencilla y rotundamente falso. Las estadísticas indican que los índices de morbilidad y mortalidad perinatal en mujeres multíparas (segundo parto y siguientes) son prácticamente idénticos en el hogar como en el ámbito hospitalario, si acaso sensiblemente más bajos en el domicilio. Las mismas estadísticas dicen que existe un riesgo de morbilidad (no mortalidad) perinatal ligeramente superior en el hogar que en el hospital cuando se trata de mujeres primíparas (primer parto), aunque se desconoce la causa.

Que el jefe de obstetricia del Hospital de Cruces salga en un periódico diciendo que la Unión Europea dice que parir en casa es peligroso, no hace que sea cierto. Cualquiera que se moleste en estar actualizado se quedará pensando que “la Unión Europea” son la Merkel y su cuñada hablando delante de la máquina del café de la oficina, porque la autoridad europea respecto a este tema dice justo lo contrario (lo explico en el siguiente punto). Aquel bebé en concreto falleció por una patología prenatal, indetectable, que NADA tenía que ver con el parto: habría sucedido de igual manera de haber nacido en el hospital. Sí: en los hospitales, y ojalá no sucediera nunca, también mueren bebés. Y mamás. Y es siempre una tragedia. Pero la mortalidad perinatal en los hospitales es tabú.

Por mucho que el titular de “nació en casa y luego se murió” venda, todos los casos que hasta hoy han salido en prensa en nuestro país son casos de mortalidad que no podían asociarse al entorno del parto. Y utilizar la muerte de un bebé para hacer propaganda es inhumano y desalmado.

“¿¿Pero cómo va a ser igual de seguro, si en casa no tienes medios??”

Para un parto normal, no hace falta nada (o, si acaso, hacen falta otras cosas). Los “medios” hacen falta en un parto de riesgo, y si el parto es de riesgo, no te atienden en casa. Es así de fácil.

El NICE (National Institute for Health and Care Excellence), que es algo así como el PubMed obstétrico, la Biblia de la ginecología de la medicina occidental, RECOMIENDA el parto domiciliario para mujeres multíparas de bajo riesgo como mejor opción, ya que no solo es igual de seguro que el hospital sino que las intervenciones (evidentemente) disminuyen, entre otras cosas porque se evita la famosa “cascada de intervenciones”, que puede acabar derivando incluso en cesáreas no necesarias. Al domicilio le seguiría como opción preferente la casa de partos y, en última instancia, el hospital, dejando este último solo para casos de urgencia ginecológica. Y, de hecho, para mujeres primíparas de bajo riesgo tampoco se recomienda el hospital como primera opción: se recomienda la casa de partos.

Dice además el NICE, textualmente:

“NICE aconseja que todas las mujeres de bajo riesgo deberían ser libres de elegir su entorno de parto y recibir apoyo en esta elección“. Libertad, elección y respeto. Madre mía, qué progres, estos perroflautas del NICE.

“¿Y si pasa algo durante el parto?”

La mayoría de complicaciones que se pueden dar durante el parto se prevén durante el embarazo. Si surge alguna complicación, la matrona valora si aún es seguro el parto en casa o si es más recomendable derivar al hospital. NINGUNA MATRONA se arriesga “a ver qué pasa”. NINGUNA MATRONA pone en peligro la vida de la madre o del bebé, que esto parece mentira que haya que decirlo. Primum non nocere. Primero no dañar.

Por supuesto, existen complicaciones imposibles de prever y que surgen durante el parto y postparto inmediato (tanto en casa como en el hospital). Para eso tienes contigo al personal cualificado: para comprobar que todo sigue su curso normal e identificar cualquier anomalía, y poder reaccionar con tiempo en caso de que sea necesario un traslado. Por eso, las matronas que atienden partos en casa suelen establecer entre sus condiciones que exista un tiempo máximo (minutos) entre el lugar del parto y el hospital más cercano.

“Si la Seguridad Social no lo cubre, será por algo”

Desconozco el motivo por el que el estado dejó de cubrir este coste, que antes sí atendía. Me lo imagino, pero me faltan datos empíricos. Lo que sí es una realidad es que en los países que en el campo obstétrico van a la cabeza se cubre de igual forma el parto hospitalario que el domiciliario.  En España solemos tardar unos años en adoptar las novedades. Sin ir más lejos, a definir la exploración ginecológica durante el embarazo como “práctica no recomendada” nuestro Ministerio de Sanidad llegó con… ¿Cuánto? ¿Quince, veinte años de retraso? Existen hospitales en nuestro país que aún tienen en vigor protocolos de atención al parto que quedaron obsoletos hace veinticinco años. Mi enhorabuena a los equipos de donaciones y transplantes de órganos por su encomiable y ejemplar labor. En obstetricia queda mucho por hacer.

Por cierto: el parto domiciliario es bastante más económico que el parto hospitalario. Dos mil euros en casa frente a entre tres mil quinientos y seis mil euros, en el hospital.

¡Ah! Y, por si alguien lo duda: sí, parir en casa es absolutamente legal.

“Eres una irresponsable / Estás loca”

Pues mira, ni lo uno ni lo otro. Las familias que se plantean parir en casa se informan sobre ello más de lo que la mayoría de la población se informa por lo general para ir a parir al hospital.

Como sugería en el post de ‘Cosas ridículas que te pasan cuando decides parir en casa’, se tiene una idea preconcebida y -bastante- equivocada del perfil de familia que se decanta por el parto domiciliario, que se suele relacionar con una idea fantasma de “perroflauta ignorante” (y voy a incidir en las comillas, por aquello de que no se me interprete que ambas cosas van inexorablemente unidas). La mayoría de personas que conozco que se han decantado por esta opción pertenecen a un perfil socio-cultural alto, están mejor informadas y más actualizadas que una buena parte del personal sanitario que les atiende (y aquí, matronas y enfermeras que me leéis, que sé que sois unas cuantas, por favor, decid si me equivoco) y saben perfectamente lo que están haciendo.

Así que, de nuevo: por favor, no presupongamos incapacidad o enajenación donde solo hay libre elección.

“Eres una valiente”

No, no lo soy. Como les explico a mis hijos, valiente no es el que no tiene miedo, sino el que, aun teniendo miedo, se enfrenta a la situación. YO, de cara al parto, me siento segura en mi hogar, por lo que, en mi caso, no es valiente parir en casa, porque no me da miedo. Me daba miedo lo otro: ir al hospital y repetir la experiencia de mi primer parto. Eso habría sido lo valiente.

También aprovecho para matizar que valor y temeridad no son sinónimos, porque hay quien dice “valiente” cuando quiere decir “temeraria”. Valor es enfrentarse a un miedo. Temeridad es correr un riesgo. Un parto en casa no tiene mayor riesgo que un parto hospitalario.

Para que un parto, que no deja de ser un proceso fisiológico propio de las mamíferas (que es lo que somos), fluya con normalidad la primera premisa es que la parturienta se sienta segura. Es decir: si la mujer se siente segura en el hospital, al hospital. Si la mujer se siente segura en casa, en casa. Si la mujer se siente segura en una casa de partos, en una casa de partos. Sencillo. No es momento de hacerse la valiente.

“Es carísimo”

No. Algo caro es algo que cuesta más de lo que vale.

He visto a gente por las redes (sobre todo, y curiosamente, hombres) decir cosas del estilo “Madre mía, 2000€ por ir a un parto, mañana mismo me hago matrón que me forro”.

Habitualmente, a atender un parto van dos personas. Esas dos personas entran de guardia, para ti, durante cinco semanas: desde la semana 37 de gestación hasta la 42 (embarazo a término normal, si el parto se produce antes o despúes, entra en parto de riesgo y no te atienden en casa). Durante esas cinco semanas, esas dos personas están disponibles 24 horas al día para salir pitando, en cualquier momento del día o de la noche, con el equipo a cuestas. Y con todo lo que ello implica a nivel organizativo (mantener una distancia lo más corta posible a tu casa, no irse de viaje, tener listo el equipo y organizados, por ejemplo, a sus propios hijos, etc.). Además, durante las semanas que rodean tu FPP no cogen más partos, no “solapan” semanas de guardia, porque no se arriesgan a que dos partos puedan coincidir. Además, también se incluyen varias visitas prenatales y postnatales.

De nuevo, se denosta la matronería. No son dos mil euros “por ir a un parto”: hay mucho, mucho trabajo y dedicación detrás.

Creo que dejo respondidas la mayoría de cosas, aunque editaré si recuerdo alguna más.

Por lo pronto, le doy las gracias por su profesionalidad, trabajo y dedicación a nuestra matrona, Cristina, por dominar a la perfección el noble arte de no hacer nada, y a todas las matronas, de casa o de hospital, que hoy están peleando con las mujeres, codo a codo, por divulgar la información y darnos con ella libertad.

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Imagen destacada: ‘Monita pariendo’. #byAine

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