Relatos

Querida yo de hace cuatro años (exactamente cuatro)

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Querida yo de hace cuatro años (exactamente cuatro):

Si este año esperas una bonita carta, lo siento, pero creo que hoy no estoy de humor. Este último mes ha sido una locura y el cumpleaños de Aine ha llegado antes de lo que esperaba. Pero en fin, no te preocupes ahora por eso. Ya te tocará. Ahora relájate, que esta noche será intensa.

Llevaba tiempo pensando en qué contarte este año. Sabes que no me gusta estropearte las sorpresas… Así que pensaba hablarte de algo que has aprendido y madurado  mucho estos últimos meses: has aprendido a despedirte. Y es fantástico, Jess. Qué liberación.

Suéltalo. Suéltalo todo. Líbrate del lastre. Parece mentira que hayas tardado treinta y tres años en darte cuenta de que cuanto menos peso arrastras, más alto puedes volar. Y, como te digo, no quiero fastidiarte las sorpresas, pero suéltalo, Jess. Despréndete de todo lo que sobre: todo lo que no te aporte, todo lo que te haga daño. Sé que ahora, que aún vives en un mundo de azúcar y oxitocina, esto te sonará cruel, pero cuando llegue el momento, despídete de todo lo que te retenga: de la gente, de las etapas, de los momentos. Déjalo atrás sin miedo, porque cuanto menos tiempo y energía le dediques a todo eso que te sobra, más tiempo y energía tendrás para ellos. Porque, joder, Jessica… Ellos son tu mejor regalo… Todo es más fácil con ellos. Más divertido, más intenso. Mejor. Son ellos quienes te ligan a la tierra y a la vida.

Hugo es… Hugo es tu cómplice. Sois madre e hijo, sois amigos (muy buenos amigos) y compañeros. Tú le guías y él te enseña. Tenéis una relación increíble. Y Aine… Ella eres tú. La miras y te ves. La entiendes y, entendiéndola a ella, te entiendes a ti. Y te curas, y te recompones, y te reconstruyes, y aprendes a ser más feliz. Es imposible no ser feliz, cuando estás con ellos. Sé que te sabes afortunada, pero aún no sabes cuánto.

Y ¡ay! cómo dibuja… Inventa, crea, pide… “Mamá, ¿dibujamos un oso panda?”. Tendrá sus propias fases: flores, princesas, sirenas, animales en columpios, animales en patines… En una excursión verá un león marino por primera vez y te gritará “¡rápido, mamá, dame mi bloc que lo voy a dibujar!”. Y tú sentirás que mueres de amor. Creo que nunca, hasta este año, vas a saber de cuán profundo puede nacer una sonrisa. A veces te sentirás tentada de pedirle más: no lo hagas. Sé que será difícil (créeme, lo sé), porque la verás tan increíble, tan mágica y maravillosa, que te harás adicta a su arte y siempre querrás más, pero no lo hagas, no la fuerces. No lo estropees. Déjala que disfrute. Que su única motivación sea hacer algo que le gusta, sin más. Y tú siéntate, mírala, y disfruta con ella. Porque el arte os une, y eso es… Es más de lo que jamás has esperado, te lo aseguro.

Sigue siendo rosa, purpurina, loca. Se viste, calza y peina según le da el viento. Es princesa. Es rebelde. Es auténtica como nadie. Es libre.

Es tan emocional, tan intensa, tan diferente. Tan como tú. Nunca te querrás tanto a ti misma como cuando te veas en ella. Si la felicidad puede manifestarse en una persona, esa persona es tu hija. Así que, dentro de unas horas, cuando la recibas en tus brazos, abrázala, huélela y fúndete con ella, porque será la bienvenida a la mejor parte de tu vida, hasta ahora. Esa parte en la que los tienes a los dos.

Por cierto, este año se te estropeará la nevera, pero tranquila: la placenta sobrevivirá. Ahí sigue: en el congelador. Empezamos a plantearnos si ponerle nombre, o algo.

¿Sabes? Es curioso, casi premonitorio, que justo este año vayas a aprender a despedirte, Jess. Porque te despedirás de muchas cosas. De más de las que esperas y, probablemente, desearías. Pero cuando llegue el momento de despedirte, estarás preparada para decir adiós. O todo lo preparada que se puede estar, supongo. Pero ya sabes: sin otoño, no hay primavera. Sin vida que se va, no hay vida venidera.

Aquí termino de escribirte, con tu hija en el pecho izquierdo, llorando. Porque le he preguntado si quiere decirte algo, y me dice que no quiere que te mueras…

Sí, este año aprenderás a despedirte. Veremos qué puedes aprender, de ahora en adelante.

Felicidades, antigua Yo. Aquí nos vemos, en un año.

Querida yo de hace cuatro años

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Querida Yo de hace un año (exactamente un año).

Querida Yo de hace dos años. Exactamente dos.

Querida Yo de hace tres años (exactamente tres).

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